Berta y Lorenzo solo se habían visto una vez. ¿De verdad aceptaría si ella le pedía una cita?
Y además, aunque se formara, quién sabe cuándo le iba a tocar.
Tenía que convencer a Lorenzo sí o sí antes de que acabara el día.
—Señorita, de verdad soy amiga del director Urbina. ¿Por qué no le avisa? Él seguro me recibe. Me llamo Berta; dígale mi nombre y va a saber —dijo Berta, desesperada.
La recepcionista volvió a negar con la cabeza.
—Lo siento, Srta. Solano. El director Urbina está muy ocupado. Sin cita, no puede verlo.
—No le estoy mintiendo. De verdad soy su amiga. Si no me cree… mire, tengo una foto.
Berta recordó de golpe que tenía una foto con él. Sacó el celular y se la mostró.
La recepcionista se quedó helada al verla.
El director Urbina nunca se metía con nadie… y ahí estaba, en el mismo carro con esa mujer, en una foto que se veía demasiado cercana.
Entonces sí tenían algo.
—¿Ya ve? Yo soy alguien importante para el director Urbina. Si no le avisa y luego él se la cobra, no diga que no se lo advertí —soltó Berta, envalentonada al ver que ya le creyó.
La recepcionista no se atrevió a tomarlo a la ligera.
—Espere tantito. Déjeme preguntarle.
Para estar segura, fue personalmente a la oficina de presidencia.
—¡Nuria! —la llamó al ver que Nuria salía de la oficina de Lorenzo.
—¿Iris? ¿Qué haces aquí? Deberías estar abajo —preguntó Nuria.
—Nuria, es que llegó una señorita que se llama Berta. Dice que es amiga del director Urbina y que lo tiene que ver. Vine a preguntar qué quiere hacer el director.
—¿Berta? —A Nuria se le encendieron las alarmas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia