—Tranquila. Sí va a ir. Tú regrésate y espéralo —dijo Cecilia.
Cecilia estaba cenando con Saúl.
—¿Quién te habló? —preguntó Saúl.
—Berta.
—¿Berta? ¿La de la escuela que varias veces se fue contra ti?
—Sí. Y supongo que tú conoces bien su familia. Su papá se casó con la amante, y ella y su mamá la han pasado muy mal estos años. Además, ella me ayudó antes; si no, Gael Valdés y Noa Valdés me habrían hecho pedazos. Con ella… pues fue cosa del destino.
—Veo que tú sí sabes a quién querer y a quién no —dijo Saúl. Sacó una servilleta y le limpió la boca.
Cada vez le gustaba más su Cici.
De verdad quería casarse con ella cuanto antes.
…
En la casa de la familia Solano.
Esa noche, prepararon una cena abundante.
Berta vio la mesa llena de platillos, pero no le provocaba nada.
Más bien estaba nerviosa.
—¿Qué traes, hermana? Te ves como… tensa —preguntó Natalia, a propósito.
—¿Yo? ¿Tensa? Para nada. Estoy perfecta.
Natalia sonrió con desprecio. Ella tenía fotos en la mano.
—Entonces, ¿hoy sí viene el director Urbina?
—Claro que sí. Pero viéndote, parece que no quieres que venga, para correrme, ¿no?
—¿Qué dices? ¡Claro que no! Eres mi hermana, ¿cómo te voy a correr?
Con lo que Florencia le había estado metiendo en la cabeza, Natalia ya se veía más controlada.

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