—Estoy estudiando diseño. Por eso. Parece que sí somos parecidas —dijo Cecilia.
—Con razón. Tú sí échale ganas, ¿eh? No vayas a terminar como yo.
—Claro. Y si hay algo que no entiendas, pregúntame. Oye… ¿nunca has pensado en buscar trabajo de esto? Es mejor que repartir.
Teresa bajó la mirada.
—Ya busqué, pero no tengo estudios ni experiencia. Nadie me toma en serio.
—No siempre. Solo falta que alguien vea tu talento. Haz esto: toma fotos de tus diseños y vuelve a mandar solicitudes. Alguien va a ver lo que vales.
—Ya lo hice antes.
—Pues insiste. A veces tarda, pero en una de esas te sale.
Con el empujón de Cecilia, Teresa volvió a subir sus diseños y a mandar.
—Ánimo. Te va a llegar una buena —le dijo Cecilia.
—Yo con que me den una oportunidad, aunque sea de aprendiz, me conformo.
Cecilia regresó a su cuarto y, pensando en Teresa, sacó el celular e hizo una llamada.
—Ay, no… ¿eres tú? ¿Todavía te acuerdas de hablar? —del otro lado se escuchó una voz emocionada.
—Nadia, necesito algo.
—Yo también necesito algo de ti. ¿Cuánto llevas sin sacar un diseño nuevo? Afuera ya andan diciendo que te quedaste sin ideas, que desapareciste.
—He estado ocupada.
—Ajá. No me vengas con eso. Tú haces un diseño en minutos. No me digas que ni eso tienes.

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