—Lástima que Benjamín está internado en la escuela y casi no viene. Y hoy es lunes… si no, ya te habría conocido —comentó Marina.
Después de cenar, Cecilia quiso ayudar a levantar la mesa, pero Teresa y sus hermanos no la dejaron.
La mandaron a descansar.
Marina le arregló un cuartito. Era pequeño, pero acogedor.
Cecilia se paró junto a la ventana, sacó el celular e hizo una llamada.
—¿Bueno? Jefa, ¿qué se le ofrece?
—Desde hoy, cancelen toda cooperación con el Grupo Valdés.
—Va. Y qué bueno, jefa. La neta, ya era hora. Años apoyándolos y nosotros perdiendo lana… y el Iker ya se creía con derecho, como si fuéramos su cajero. Encima se ponía mamón… ¿quién se cree?
Cecilia colgó y recordó su muerte.
La rabia le quemó por dentro.
Ella, en secreto, había ayudado tanto a los Valdés… y ellos la envenenaron y la destazaron.
No eran humanos.
Si ella podía levantarlos, también podía hundirlos.
***
Del otro lado.
Noa volvió sin problema a la casa Valdés.
Al ver la mansión, los tapetes suaves, las lámparas de cristal… se quedó boquiabierta.
Le pareció el paraíso.
Clara la llevó a ver el cuarto.
—Noa, este es tu cuarto. Mandamos prepararte una habitación de princesa. ¿Te gusta?
Noa se quedó pasmada.
—Mamá… esto es enorme. ¡Un cuarto más grande que mi casa de antes!
Gael hizo que subieran cajas con ropa.
—Todo esto es para ti.

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