—¡No manches! ¡Eres una fregona! No por nada eres Elisa —dijo Nadia, encantada con el diseño.
—Oye, por cierto… casi nunca te dejas ver. ¿Y hoy qué milagro? —preguntó, curiosa.
—Vine con mi hermana. Y, de una vez, te la encargo: échale un ojo, ¿sí?
—Tú tranquila. Le voy a poner al mejor diseñador para que la lleve de la mano. Te juro que aquí va a estar a gusto.
—Entonces ya me voy. Quédate el café, tómatelo tú —dijo Cecilia, levantándose.
—¿Ya? ¿No vas a hacer unos bocetos más? —protestó Nadia—. Si son unos minutos…
—No.
—Pero… en la línea de ropa todavía no sacas nada nuevo. Ya casi va para el año desde la última vez.
—Otro día, cuando tenga chance, te mando los diseños.
Cecilia ya iba de salida.
Nadia negó con la cabeza. Qué carácter.
Si esa chamaca se aplicara tantito y sacara más diseños, ya sería la más rica del mundo.
***
Teresa salió y vio a Cecilia esperándola. Corrió hacia ella, feliz.
—Cici, te tengo una súper noticia: Estudio Cobalto sí me va a contratar. ¡Me dijeron que mañana empiezo! Y el sueldo base está bien: diez mil pesos. Y si hago buenos diseños, hay comisión. ¡No manches, está buenísimo! Mucho mejor que andar repartiendo comida.
—Y aparte me asignaron a alguien que me va a enseñar. La diseñadora Miriam, la de hace rato. Es de las mejores aquí. ¿A poco no tuve suerte?
Al verla tan contenta, Cecilia sonrió.
—Sí, tuviste suerte. Ya te tocaba, Teresa.
Marina, emocionada, se puso a preparar la cena para celebrar.
Desde que Cecilia volvió, en esa casa parecía que siempre había algo bueno que festejar.
Daniel, en cambio, aunque la veía feliz, se quedó con una espinita.
—Teresa, me da gusto que hayas encontrado trabajo, de verdad… pero Estudio Cobalto no es cualquier lugar. O sea, va: les gustó tu trabajo. Pero que entres y encima te asignen a alguien para enseñarte desde el día uno… eso casi nunca pasa. A los nuevos los ponen a hacer de todo menos diseñar. A ti te lo están poniendo demasiado fácil. ¿No será una estafa? —dijo Daniel.
Teresa se quedó helada un segundo.
—No creo. Fui a las oficinas centrales. Y a Miriam yo la he visto en la tele; es ella. Y además fui con Cici.
—Entonces está raro…
Daniel era listo; que dudara era normal.
—Es real —intervino Cecilia—. Yo lo revisé. A Estudio Cobalto sí le gustó el trabajo de Teresa. Y yo también creo que va a llegar lejos como diseñadora.

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