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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 63

—¡Ya entendí perfecto! Ustedes lo que quieren es echarse para atrás. Pero mi hija está embarazada, y ese hijo es de su familia. Eso no se lo van a poder quitar de encima. Si se rajan, lo voy a hacer público: que todo el mundo vea qué clase de gente son. Y no se hagan, el compromiso lo pidieron ustedes. Nadie los obligó.

Rafael bajó la cabeza, avergonzado. Ahí sí ellos estaban mal.

Pero la señora Salinas tampoco era dejada, y se le fue encima a Clara.

—¿Compromiso? Entonces déjeme preguntarle algo, señora Valdés. El compromiso era con Cecilia. A nosotros nos interesaba Cecilia, no Noa. Ustedes salieron con su historia de “la hija biológica” y cambiaron a Cecilia. Yo ni siquiera les he cobrado esa. Así que si nos echamos para atrás, ¿qué? También es entendible.

—¡Tú… tú…! —Clara temblaba de coraje.

Noa, a un lado, lloraba como si la hubieran humillado.

¿Entonces a los Salinas les gustaba Cecilia… y no ella?

¿Por qué?

¡Si ella era la hija biológica!

Iker azotó la mesa.

—Dejen de inventar. El compromiso fue con la señorita Valdés. Y en esta casa la única hija biológica es Noa. Cecilia era una impostora, ¿qué importa? Y punto: mi hija está embarazada. Se casan porque se casan.

—Y ya que el Grupo Valdés anda en el ojo del huracán, me da igual si de paso los arrastro a ustedes también.

Los Valdés estaban aferrados: ya les daba lo mismo todo.

Rafael y la señora Salinas se miraron, lo pensaron y al final cedieron.

No querían que los Valdés les destruyeran el nombre, y además, ellos sí estaban en falta.

Así que acordaron que la boda sería a principios del próximo mes.

***

En casa de los Galindo.

Cecilia ayudó a Thiago a ponerse de pie.

Después de un tiempo de rehabilitación, se estaba recuperando rapidísimo.

Era por un medicamento que Cecilia había desarrollado. El avance era mucho más rápido de lo normal.

Y apenas iban dos o tres meses.

Saúl sintió envidia, pero también esperanza.

Quería recuperarse y volver a ser como antes, poder hacer lo que quisiera.

En medio de la alegría, Cecilia sintió vibrar el celular.

Se metió al cuarto. Era Nadia.

—¿Qué pasó?

—Mira… la señora Valdés dice que su hija se casa el próximo mes. Se enteró de que ya hay un collar nuevo, y quiere que le vendamos uno de preventa antes que salga. Lo pensé, pero mejor te pregunto a ti.

—No se lo vendan —cortó Cecilia.

La respuesta sorprendió a Nadia.

—Pero antes me dijiste que atendiéramos bien a la señora Valdés. Cada vez que compra aquí, le damos mitad de precio. ¿Ahora qué…?

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