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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 9

El primer día de Noa en la mansión, despertó creyendo que era un sueño.

Se pellizcó: le dolió.

No era sueño.

Fue al vestidor, escogió ropa, y se colgó encima toda la joyería que pudo: lo que le habían regalado Clara y sus hermanos.

Quería sentirlo todo.

Una empleada se acercó con respeto.

—Señorita Noa, ¿va a comer?

—No. Voy a salir.

Luego señaló a la empleada, altanera.

—A ver, dime: ¿yo estoy más bonita o la otra?

La empleada se quedó tiesa, pero respondió:

—Usted… usted es la más bonita, señorita.

—Obvio. La otra era falsa. Yo soy la verdadera. Y me robó dieciocho años de vida buena… mientras yo me pudría allá. Me da un coraje…

La empleada se asustó al verla así.

En el fondo, ella prefería a Cecilia: era guapa y trataba bien al servicio.

Noa, en cambio, se veía ordinaria… y con algo de malicia.

—Bueno. Dile a mi mamá que salí a hacer un pendiente —ordenó Noa, y se fue.

La familia Valdés le asignó chofer y un carro carísimo.

El chofer preguntó con cortesía:

—Señorita Noa, ¿a dónde vamos?

—A casa de los Galindo. Quiero ver cómo le va a la impostora.

—Ay, ojalá yo fuera hija perdida de alguien rico…

Entre miradas de envidia, Noa llegó a la casa.

Marina la vio y se emocionó.

Pensó que Noa había regresado por cariño.

—¿Noa… viniste a vernos? —se le humedecieron los ojos.

—No. Vine a ver a la falsa. A ver cómo le va en esta casa jodida —se burló Noa.

Marina se quedó sin palabras.

No imaginó que la hija que crió pudiera ser tan cruel.

En ese momento, Cecilia salió del corral.

Había estado ayudando a Marina a alimentar a los animales, porque a Marina le dolía la espalda.

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