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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1033

Veinte minutos después, Karina salió del baño.

Lázaro estaba contestando mensajes en su celular con la cabeza baja. Al escuchar el ruido, levantó la vista instintivamente.

Solo le bastó una mirada para que se le cortara la respiración.

Karina caminaba descalza sobre la alfombra, con esa camisa de hombre que le quedaba enorme y le colgaba de los hombros. El dobladillo apenas cubría el inicio de sus muslos, dejando sus piernas blancas y rectas totalmente expuestas.

Era la pureza llevada al extremo, y a la vez, la tentación absoluta.

Acababa de lavarse el corrector del cuello. Ahora, en su piel pálida, se veían claramente varias marcas rojizas. Eran los rastros que él mismo había dejado la noche anterior tras su desenfreno.

La nuez de Lázaro se movió bruscamente. Aquellos ojos, usualmente fríos y profundos, se encendieron con una llama oscura al instante.

Rápidamente desvió la mirada y guardó el celular.

—Duérmete ya, mañana hay que madrugar para ir a la empresa.

Su voz sonaba increíblemente ronca.

Karina en realidad estaba agotada. Entre el ajetreo del día y la intensidad de la noche anterior, se le cerraban los ojos. Levantó las sábanas y se metió en la cama.

Entre sueños, sintió cómo el hombre se acomodaba a su lado y, con su largo brazo, la atraía hacia su pecho. Karina, casi por inercia, pasó una pierna sobre la cintura de él.

—Mmm...

Medio dormida, su voz sonó suave como la de un gato, con un tono nasal que resultaba provocador.

—¿Quieres hacerlo?

Los músculos de Lázaro se tensaron al momento y su respiración se volvió pesada. Le sujetó la nuca y le hundió la cabeza contra su pecho a la fuerza.

—Aquí no hay condones. A dormir.

—Mañana, cuando terminemos todo y regresemos, te compensaré como se debe.

Karina estaba tan dormida que no procesó la propuesta indecente que acababa de hacer. Al escuchar la palabra «dormir», se acomodó satisfecha en sus brazos.

Hacía tiempo que en el extranjero sufría de insomnio. Incluso cuando lograba dormir, se despertaba sobresaltada, nunca descansaba bien. Pero en los brazos de este hombre, cayó en un sueño profundo y sin pesadillas.

Cuando abrió los ojos, ya eran las siete de la mañana.

El lugar a su lado estaba vacío. Karina se sentó y vio que Lázaro ya estaba listo. Llevaba un traje negro de alta costura, impecable, y estaba de pie frente al espejo abrochándose los gemelos.

Al verla despierta, Lázaro señaló un perchero cercano.

—Tus cosas ya están listas.

—Arréglate y sal a desayunar.

Karina se levantó, se aseó y entró al vestidor. En aquel armario que anoche estaba vacío, ahora colgaban varios conjuntos de ropa femenina de temporada. A un lado había joyas a juego, e incluso productos de cuidado de la piel y maquillaje de las marcas que ella solía usar.

Capítulo 1033 1

Capítulo 1033 2

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