Entrar Via

Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1150

Karina se quedó unos minutos con Belén en los pasillos y luego se dirigió a las oficinas de logística.

Nada más atravesar la puerta, un grupo de reclutas que movía mercancías detuvo su labor.

—¡Buen día, señora Juárez!

—¿A qué debemos el placer de su visita? ¿Necesita que hagamos algo por usted?

El jefe de logística acudió rápidamente al sonido de su voz, con una sonrisa sincera en el rostro.

El título de "señora Juárez" sonó rotundo y repleto de deferencia.

La respetaban, no solo por ser la esposa del capitán Lázaro, sino también porque la ropa para el frío que había donado de su propio bolsillo días atrás había logrado calentar los corazones de aquellos soldados.

Karina esbozó una ligera sonrisa:

—No busco a nadie. Solo necesito su permiso para utilizar la pequeña cocina, pues deseo prepararle comida al capitán Lázaro.

—¡Ah! ¡Eso no es problema!

El jefe del departamento alzó un brazo y vociferó a viva voz:

—¡Puede tomarla prestada todo lo que necesite, señora! De paso, llegaron los suministros ayer, la carne y los vegetales están muy frescos.

Karina le agradeció y procedió a entrar en la cocina.

Amelia aguardaba junto al marco de la puerta, viendo cómo su jefa se arremangaba y comenzaba a lavar, rebanar y mezclar alimentos con una destreza magistral.

Estaba con los ojos abiertos como platos.

Para ella, la señora era una erudita de élite en materia de inteligencia artificial.

Era como si el simple acto de cocinar fuese una tarea demasiado cotidiana para alguien tan eminente.

Sin embargo...

En ese instante, Karina echó una generosa porción de carne en un sartén con aceite hirviendo que chisporroteó al instante. Empezó a saltear los cortes y estos soltaron su propia grasa, luciendo una capa dorada en los bordes.

Con un rápido movimiento de muñeca, derramó un tazón con una salsa ya preparada; en segundos, la carne quedó impregnada del líquido brillante y rojizo, expandiendo un aroma penetrante.

En otra olla pequeña, cocinaba unas albóndigas gigantescas. El caldo no dejaba de hervir y burbujear.

Karina se tomó un segundo de reflexión y tomó un paquete de hongos, alistándolos para cocinar.

*Lázaro durmió y comió a la intemperie durante varios días, seguro ni probó la comida real. Una porción grande de grasa puede lastimar su estómago.*

Por tanto, con mucha velocidad elaboró un platillo con hongos y caldo.

También añadió a un plato un montón de verduras muy verdes y frescas.

Le costó apenas media hora culminar sus preparaciones.

Karina sirvió dos raciones y arrastró a Amelia a una pequeña mesa plegable contigua a las ventanas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador