Belén sorbió por la nariz y estaba a punto de soltar a Karina para hacer las presentaciones formales —recordando que Karina tenía un vacío de memoria de más de un año—.
Pero Karina se adelantó.
—Señorita Olivia.
Miró a la mujer que contenía las lágrimas con una expresión cálida: —Ha sido un año difícil para ti. Gracias por esperarme.
La sorpresa en los ojos de Olivia fue evidente.
¡La señorita Leyva la recordaba!
Incluso con amnesia, ¡seguía valorándola!
Emocionada, dio un paso adelante y abrazó a Karina con fuerza.
—Era lo menos que podía hacer… lo importante es que usted regresó.
Tras un breve abrazo, Olivia se separó y se llevó la mano al rostro para secarse una lágrima.
Al hacerlo, la manga de su saco se subió un poco.
Una pulsera de conchitas de colores brilló bajo la luz.
Karina se quedó helada.
Esa pulsera… ¿por qué le resultaba tan familiar?
Recordaba claramente que esa era la pulsera que le había dado a Hugo para que se la regalara a su novia.
¿Por qué la tenía Olivia?
Belén notó que Karina miraba fijamente la muñeca de Olivia.
De inmediato levantó su propio brazo y lo agitó.
—¡Tarán! ¡Yo también tengo una!
—¡Kari, tienes un gusto increíble! ¡Me encanta!
Karina: —¿¿??
¿Cómo que Belén también tenía una?
En ese instante, Beatriz se acercó.
Se arremangó la camisa, revelando en su muñeca… una tercera pulsera de conchitas.
Beatriz sonrió: —Gracias, señorita Leyva. A todas nos gustaron mucho.
Karina por fin entendió.
Había sido un malentendido suyo.
Resulta que Hugo le había entregado una a cada una de sus amigas en su nombre.
Al ver las muñecas idénticas de las tres, Karina sintió una calidez en el pecho.
—Me alegra que les gusten.
Sonrió levemente y añadió: —Pero eso es más como un recuerdo, no es para el diario. Después les regalaré algo mejor.



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