Entrar Via

Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1058

Lázaro, como si acabara de sacar la basura, giró las muñecas despreocupadamente, haciendo sonar sus nudillos con un «crac».

Levantó la vista lentamente y barrió con esa mirada cargada de violencia a los curiosos que murmuraban.

Fue solo una mirada.

Los chismes se cortaron de tajo.

Un segundo después, todos se metieron a sus privados y cerraron las puertas, temiendo que, si tardaban un instante más, la furia de aquel verdugo cayera sobre ellos.

En el suelo, algunos de los *juniors* más tercos que aún pensaban en sacar el celular para llamar a alguien y vengarse, se quedaron congelados al escuchar el nombre «Señor Lázaro».

La desesperación les inundó la cara.

Ellos también habían oído los rumores sobre el señor Lázaro.

¡Meterse con él era buscar la muerte en serio!

Los lamentos bajaron de volumen hasta convertirse en sollozos reprimidos; nadie se atrevía a hacer ni un ruido más.

Lázaro se dio la vuelta. Esa aura destructiva y violenta desapareció en el instante en que miró a Karina.

Caminó hacia ella a pasos largos.

—Ya los puse en su lugar, no volverán a decir nada.

—No te tomes a pecho lo que dijeron.

Su voz sonaba un poco ronca, con la respiración agitada tras el esfuerzo físico.

Karina levantó el rostro, miró al hombre frente a ella y sonrió:

—Yo también quería escuchar qué decían de mí en el círculo.

—De todas formas, dentro de poco no se atreverán a inventar nada.

Cuando se hiciera pública su donación de caridad, todos los rumores se derretirían como nieve bajo el sol. Quizás algunos seguirían hablando a sus espaldas, pero de frente, nadie se atrevería a decirle ni media grosería. Con eso bastaba.

La mirada de Karina bajó a las manos de Lázaro, que colgaban a sus costados.

Esas manos largas y fuertes tenían los nudillos pelados y amoratados, con hilos de sangre, evidencia de lo fuerte que había golpeado.

Ella frunció el ceño ligeramente, le tomó la muñeca y levantó la mano herida para verla de cerca.

—Pegas tan fuerte que ni sientes dolor, ¿verdad?

Lázaro bajó la vista hacia sus largas pestañas, curvó los labios en una sonrisa y dijo con voz ronca:

—No duele. Tengo la piel dura, ya estoy acostumbrado.

Esta escena, para los que yacían en el suelo con huesos rotos, era peor que si los hubieran matado.

Estaban sudando frío del dolor y encima tenían que ver a esos dos derrochando amor como si no hubiera nadie más.

Resulta que la desgracia de ellos solo era parte del coqueteo de la pareja.

Si hubieran sabido que el señor Lázaro consentía tanto a esa mujer, habrían investigado mejor.

¡Ahora se arrepentían hasta de haber nacido!

Karina jaló a Lázaro hacia el privado.

—Entra, te voy a curar.

De vuelta en el privado, Karina pidió un botiquín.

Sostuvo la mano de Lázaro y limpió las heridas con un hisopo con yodo, con mucho cuidado.

Lázaro la miraba desde arriba, con una ternura infinita en los ojos.

Pero la calma no duró mucho.

Pronto se escucharon las sirenas de la policía y las ambulancias afuera.

Sebastián entró caminando tranquilamente, con cara de despreocupación.

Capítulo 1058 1

Capítulo 1058 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador