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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1067

Al llegar.

Lázaro sacó a Karina del coche en brazos de nuevo y subió por las escaleras del avión.

La tripulación, parada en la entrada de la cabina, mantenía la vista al frente, haciéndose de la vista gorda como si no estuvieran presenciando nada inusual.

Ya adentro de la cabina, Lázaro la depositó suavemente sobre un asiento de piel.

Tomó una cobija y la arropó bien.

Se inclinó hacia ella y le acarició la mejilla con la palma de la mano.

—Descansa un rato, duerme. Para cuando despiertes ya casi estaremos en Boston.

Karina miró su rostro y sintió una punzada de melancolía al pensar en despedirse.

Lo agarró de la mano, apretando ligeramente los dedos.

—Tienes que cuidarte mucho, avísame en cuanto llegues.

Lázaro esbozó una sonrisa, y esa arrogancia y confianza propias de El Invencible regresaron a su rostro.

—Tranquila, todavía no nace la persona capaz de hacerme daño en este mundo.

Le plantó un profundo beso en los labios.

Ese beso no tenía ni una pizca de lujuria; solo una profunda devoción y un inmenso cariño.

—Ya me voy.

Lázaro le dedicó una última y profunda mirada.

Luego se dio media vuelta y bajó del avión a pasos largos y decididos.

La puerta de la cabina se cerró lentamente.

A través de la ventanilla, Karina observó cómo el coche de Lázaro se alejaba poco a poco hasta perderse en el horizonte.

Karina se quedó mirando un rato, luego apartó la vista y se quitó la cobija de encima de golpe.

—¡Capitán!

El piloto se acercó de prisa y se inclinó con respeto:

—¿Señora, qué se le ofrece?

Karina se apoyó en los reposabrazos del asiento y se puso de pie lentamente.

—Retrase el despegue, espéreme unas dos horas. Tengo un asunto personal que resolver.

El piloto asintió.

—Claro, señora. Estaremos a su espera.

Karina volteó hacia Amelia.

—Tú vienes conmigo.

Ambas bajaron del avión y salieron de las instalaciones del aeropuerto privado.

Aunque Karina sentía un malestar tremendo en las piernas, su determinación terminó superando la debilidad física.

Para evitar que Lázaro se enterara de que había pospuesto su vuelo, paró un taxi en la calle.

—Señor, lléveme a Privadas del Lago.

Antes de irse, necesitaba ver a esa niña.

Probablemente solo su madre podría llevarla a verla.

Al acomodarse en el asiento trasero del taxi, Karina al fin pudo recobrar un poco el aliento.

En su mente, volvió a maldecir a Lázaro de todas las formas posibles.

¡Era un maldito salvaje!

Estuvieron sin descanso toda la madrugada sin pegar el ojo, y aun así, el hombre no solo lucía radiante, sino que ni siquiera se le notaba el cansancio.

Capítulo 1067 1

Capítulo 1067 2

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