—Ah...
Karina se dobló de dolor de golpe, y una capa de sudor frío le cubrió la frente de inmediato.
Ese dolor, como si el corazón estuviera a punto de colapsar, hizo que se pusiera pálida al instante.
Amelia, desde el asiento del copiloto, notó que algo andaba mal en la parte de atrás, así que volteó rápido, muy alarmada.
—¡Señora! ¿Qué tiene? ¿Se siente bien? ¿Quiere que vayamos al hospital?
Karina se mordió el labio con todas sus fuerzas y respiró profundo, tratando de controlar sus emociones a punto de desbordarse.
Levantó la mano. Su voz salió débil, pero muy firme.
—Estoy... estoy bien.
Cerró los ojos, sin atreverse a mirar más las fotos del celular.
—De regreso al aeropuerto.
***
La puerta del avión privado se cerró una vez más.
El piloto ya estaba preparado y habló por el intercomunicador:
—Señora, el plan de vuelo está confirmado. Listos para despegar cuando usted lo ordene.
Karina, sentada en la butaca de piel, clavó la mirada vacía en la pista de aterrizaje a través de la ventanilla.
Su cabeza era un caos total. Reaccionó solo cuando el piloto volvió a hablarle.
—Que inicie el despegue.
Firmó el documento de autorización; apretó tanto la pluma que rompió la hoja y los trazos salieron chuecos.
Se escuchó el rugido de los motores y sintió el tirón contra el asiento.
El avión surcó el cielo y el paisaje en tierra se fue encogiendo hasta convertirse en manchas de colores borrosas.
Karina se quedó en la misma postura, ida, mirando por la ventana.
La jefa de cabina se acercó y se acuclilló a su lado, hablándole con un tono suave.
—Señora, ¿le ofrezco algo de tomar? ¿O le preparo algo de comer?
Karina no se movió ni hizo ningún gesto. Parecía que su alma había abandonado su cuerpo.
La asistente, bastante incómoda y sin saber si levantarse, volteó a ver a Amelia para pedir ayuda.
Amelia frunció el ceño al notar lo desconectada que estaba su jefa de la realidad.
Con un gesto de la mano, tomó la decisión por ella.
—Un filete término tres cuartos y espagueti con poca salsa.
—Y un vaso de jugo de naranja natural, al tiempo.
—Entendido, enseguida.
La sobrecargo se retiró de inmediato a la zona de servicio.
Al poco rato, sirvieron la comida en la mesa.
El sonido de los cubiertos chocando contra el plato por fin sacó a Karina de su trance.
Se quedó mirando el filete. Aunque traía el estómago vacío, no tenía ni una pizca de apetito.
Sin embargo, se obligó a comer un poco.
Después, agarró el celular, se conectó al Wi-Fi del avión y abrió el chat de WhatsApp de Lázaro.
Dio un suspiro profundo y tecleó un mensaje.
[¿Tuvimos hijos antes?]
El mensaje fue enviado.

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