A la noche siguiente.
El resort organizó una gran fiesta de despedida con fogata en la playa privada.
Una enorme hoguera ardía en el centro de la arena, soltando chispas que se elevaban hacia el cielo nocturno.
El sonido de las olas chocando contra las rocas se mezclaba con la música animada, llevando el ambiente de la fiesta a su punto máximo.
Los empleados bailaban y cantaban tomados de la mano alrededor del fuego.
Como era costumbre en este tipo de eventos, quienes siempre acompañaban a Beatriz eran Hugo y Olivia.
Después de todo, Beatriz era conocida en la empresa por ser absurdamente estricta en el trabajo.
Sus subordinados le tenían pavor, así que nadie se atrevía a acercarse de la nada para tomarle la mano y sacarla a bailar.
Pero ese día, la situación era bastante extraña.
Hugo se había pasado todo el día ignorando a Beatriz.
Incluso cuando Beatriz lo veía de lejos e intentaba llamarlo para cruzar un par de palabras...
Hugo desaparecía en un abrir y cerrar de ojos entre la multitud.
Incluso ahora en la fogata, se había ido hasta el final de la fila, manteniéndose a kilómetros de distancia de ella.
Beatriz simplemente asumió que Hugo seguía muerto de vergüenza por el problema estomacal que había tenido el día anterior.
Al fin y al cabo, era un muchacho joven; pasar por una humillación semejante frente a su jefa seguramente requería tiempo para superarlo.
Sin darle demasiadas vueltas al asunto, Beatriz tomó la mano de Olivia y de una de las secretarias jóvenes, y bailaron un par de canciones al ritmo de la música.
Fue hasta que la música bajó de intensidad y todos se dispersaron para ir por unas bebidas...
...que Beatriz tomó el regalo y caminó hacia la orilla del mar.
La brisa fresca jugaba con su cabello.
Hugo sostenía una copa de champán y observaba el océano con la mirada perdida.
Cuando de pronto captó por el rabillo del ojo a aquella figura conocida acercándose, su primer instinto fue dar media vuelta y largarse.
Beatriz aceleró el paso de inmediato y lo agarró del brazo.
—Tengo que hablar contigo.
Todos notaron lo que Beatriz llevaba en la mano.
De repente, el ambiente se volvió un poco incómodo y tenso.
Varios asistentes que solían llevarse bien con Hugo cruzaron miradas y esbozaron sonrisas cómplices.
—¡Uyyy!
Alguien empezó a hacer ruido y soltó un fuerte chiflido.
Las bromas y comentarios no se hicieron esperar.
—¡Vaya, Hugo! ¡Te lo tenías muy guardadito!
—¡Échale ganas, Hugo! ¡Ya la hiciste!
Al ser los más cercanos a ellos en la oficina, ya se habían dado cuenta de los sentimientos de Hugo. La única que no lo veía era la propia Beatriz.
Semejante alboroto repentino hizo que Hugo se sintiera algo expuesto.
Sin poder evitarlo, bajó la vista hacia la caja de regalo que llevaba Beatriz.
La envoltura... se veía bastante fina. No parecía algo comprado al aventón nada más por compromiso.
Su barrera interna cedió un poco, dándole paso a una ligera ilusión.

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