Qué más daba.
No iba a discutir con aquella mujer que no tenía ni una pizca de tacto.
Hugo se tragó el coraje a la fuerza y bajó la vista hacia la caja sobre la mesa.
Si era un agradecimiento por haberle salvado la vida, seguramente lo había preparado con mucho cuidado, ¿verdad?
Después de todo, era la primera vez que Beatriz le daba un regalo de forma oficial.
—¿Puedo abrirlo ahorita? —preguntó Hugo.
Beatriz sonrió, mostrando muchísima seguridad en sí misma.
—Por supuesto. Estoy segura de que te va a encantar.
Hugo empezó a desenvolver la caja con cuidado, hasta revelar un empaque negro y rígido en su interior.
Traía grabado un logotipo plateado que gritaba alta tecnología: JS.
Hugo levantó una ceja.
¿Un producto de JS Technologies?
Agarró el borde de la tapa y la levantó despacio.
Al instante siguiente, la pequeña sonrisa en su rostro se congeló.
Adentro, descansaba un reloj... con un diseño llamativo y colores sumamente vivos.
Pero él conocía ese modelo a la perfección.
Era el mismo reloj inteligente que se había quedado viendo por horas el otro día en el museo.
Fabricado con material de grado militar, ubicación en tiempo real, videollamadas con proyección holográfica y hasta un sistema de última generación para medir los signos vitales.
Definitivamente, era un dispositivo increíble.
Pero el pequeño gran detalle era...
¡Que era un reloj para niños!
Hugo se quedó mirando el aparato con una abrumadora sensación de impotencia.
Beatriz, sin sospechar absolutamente nada, se inclinó un poco hacia el frente y lo miró llena de expectativa.
—¿Qué tal? ¿Te sorprendí?
—El día que fuimos al museo de tecnología, noté que te quedaste frente al exhibidor viéndolo por un buen rato.
Hugo alzó la cabeza lentamente, tan encabritado que ni siquiera sabía con qué palabras describir cómo se sentía en ese momento.
—Señorita Beatriz... este es un reloj de máxima seguridad para niños y adolescentes, una colaboración entre JS Technologies e Innovación Quantum S.A.
—Es para edades de entre 3 a 18 años.
Beatriz asintió, viéndolo como lo más normal del mundo.
—Ya lo sé. Pero cuando lo estabas viendo, se notaba que te gustaba mucho y hasta murmuraste que estaba carísimo.
—Supuse que no querías gastar tanto, así que te lo compré. Le puedes cambiar el diseño para que lo use un adulto. Además, se te vería padrísimo, va mucho con alguien de tu edad.
—¿Qué pasa? ¿No te gusta?
A Hugo le tembló el labio del puro coraje.
¡Sí, se le había quedado viendo un buen rato!
¡Pero lo estaba checando porque tenía unas funciones buenísimas y el sistema de seguridad era de primera, pensando en comprarle uno a Javier!
Sin embargo, al ver el precio de medio millón de pesos, lo dudó bastante y mejor desistió de la idea.
Solo de pensar en esa posibilidad, no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda.
Se le puso la piel de gallina.
¡No! ¡De ninguna manera!
Tenía que cortar eso de raíz inmediatamente.
Ya que no había querido el regalo, tendría que probar otro método.
Necesitaba quitarle esa idea de la cabeza y dejarle bien en claro que jamás pasaría nada entre ellos.
Después de pensarlo un segundo, sacó su celular y abrió el chat de Hugo.
Sus dedos se movieron rápidamente sobre la pantalla.
[Si no te gusta el regalo, ni modo, pero me salvaste la vida y a fuerza te lo tengo que agradecer.]
[Como no quieres regalos, ¿qué te parece si te presento a alguien?]
[Creo que Olivia sería una buena opción. Es guapa, alegre y harían muy buena pareja.]
[Si te interesa, puedo ayudarlos a que salgan.]
Mensaje enviado.
Unos cuantos segundos después, su celular vibró.
Beatriz lo levantó sintiéndose bastante segura del resultado.
En la pantalla solo apareció una breve frase.
[¡Estás loca!]
Beatriz se quedó totalmente muda ante la respuesta.

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