Mariano se puso en alerta de inmediato y frunció el ceño.
—Srta. Mónica, creo que lo mejor será que no le cause problemas a la señora.
—Si hace alguna tontería, el señor de verdad va a enfurecer.
Mónica soltó una carcajada sarcástica:
—¿Qué clase de persona crees que soy?
—Vi que Lázaro y mi cuñada estaban discutiendo y quiero arreglar este malentendido con ella.
—¿O prefieres verlos pelear por mi culpa?
—Solo cuando mi cuñada y yo seamos amigas y hablemos las cosas claras, podrán reconciliarse. Lázaro ya no estará atrapado en medio de las dos.
Mariano guardó silencio un momento, luego sacó su celular y dijo:
—Le pasaré el contacto, pero le informaré al señor sobre esto.
Mónica se encogió de hombros, restándole importancia:
—Como quieras.
Tenía que aclararle unas cuantas cosas a Karina.
Si no tomaba la iniciativa y la obligaba a dar un paso atrás, ella y Lázaro se distanciarían para siempre.
¡No iba a permitir que esa mujer se quedara con lo que siempre le había pertenecido!
...
Mientras tanto, en el simposio tecnológico.
Gracias a la presentación de Santiago, Karina logró conocer a varios profesores eminentes en el campo de la Inteligencia Artificial.
Como ella también era experta en el área técnica, habló con gran soltura de su profesión, desprendiendo una seguridad y un brillo que la hacían destacar.
Tras más de dos horas de conversación, aprendió muchísimas cosas y les dejó una gran impresión a los expertos.
Por su parte, Lázaro estaba reclutando nuevos talentos para JS Technologies.
Aunque estaban separados por la multitud, el matrimonio trabajaba duro en sus respectivas áreas por un objetivo en común.
Durante la pausa para el café, Karina ya había terminado su labor.
Se sentía algo cansada, así que buscó un rincón apartado y se sentó a descansar.
Harlene y Santiago seguían debatiendo con otras personas no muy lejos de ahí, mientras que Amelia Barrios se mantenía de pie, callada, detrás del sofá de Karina.
Karina se recostó, algo perdida en sus pensamientos, y comenzó a girar su anillo de matrimonio en el dedo anular.
En ese momento, una figura caminó directo hacia el sillón y se sentó a su lado.
Amelia dio un paso al frente y habló con tono frío:
—Sr. Abyss, nuestra señora necesita descansar. Por favor, no la moleste.

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