Rechazó la idea apenas apareció en su mente.
¿Cómo podía ser posible?
Lo había calculado todo. Para llegar a este día, había gastado una fortuna contratando a los mejores mercenarios submarinos.
Los había hecho infiltrarse más de medio mes antes, ocultándose en las cavernas del sistema de cuevas en la selva, burlando todos los controles de seguridad del resort.
Y luego, aprovechando las corrientes profundas, habían nadado detrás de los bancos de peces migratorios para adherir los nuevos explosivos al casco del barco.
El plan era impecable.
Pero, ¿por qué...
¿Por qué ya había pasado la hora y el crucero no se movía en absoluto?
Abyss observó el tranquilo mar; una chispa de irritación brilló en sus ojos.
La función solo podía comenzar cuando el barco estuviera en movimiento.
Giró para mirar a Mónica, que a su lado lucía sumamente amargada, y su mirada se oscureció un poco.
De pronto, bajó la voz, con un tono cargado de lo que parecía una preocupación genuina:
—Srta. Mónica, es muy peligroso que esté aquí.
—Hay demasiados ojos sobre usted. A la menor provocación, podrían arrastrarla a una sala privada.
—Sabe muy bien que no puede darse el lujo de ofender a ninguno de estos empresarios y políticos.
Mónica lo miró sorprendida; jamás imaginó que el admirador de Karina se preocuparía por ella.
Pero tenía que admitir que decía la verdad.
Hacía un rato, un magnate apestando a alcohol había intentado obligarla a ir a su camarote para "charlar sobre la vida".
Mónica respiró hondo y asintió: —De acuerdo, me iré a otro lado. Seguiré buscando noticias de Lázaro y te aviso.
Pero Abyss no se apartó para dejarla pasar; en cambio, dejó caer un comentario en tono casual:
—Estuve revisando la hora, y ya pasaron cinco minutos del momento ideal. El crucero ni siquiera ha encendido motores.
—Veo a la Directora Leyva muy ocupada con sus relaciones públicas... seguro perdió la noción del tiempo y olvidó por completo dar la orden de zarpar.
—La proa está tranquila, casi no hay invitados. ¿Por qué no va a esperar ahí? De paso, puede hacerle el favor a la Directora Leyva de recordarle al oficial de navegación que arranque... Al fin y al cabo, retrasar tanto un momento importante es de mala suerte para todos.
Mónica alzó una ceja, y un brillo astuto cruzó su mirada.
Era cierto, la hora ya había pasado y Karina aún no daba la orden.
Si ella misma iba a recordarle al oficial de navegación, no solo evitaría a los pervertidos, sino que también ganaría puntos con Lázaro al demostrar que le importaba el proyecto y sabía tomar la iniciativa.

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