Odio.
Esa palabra se clavó en el corazón de Valentín como una aguja envenenada, helada y letal, dejándolo sin una gota de color en la cara.
Karina no apartó la mirada. Sus ojos, fijos en él, reflejaban una decisión inquebrantable.
Durante los siete años de su vida pasada, la idea de tener un hijo para él se convirtió en una obsesión enfermiza. Día tras día, esperando en vano. Cada vez que la esperanza se desvanecía, sentía que la desilusión le calaba hasta los huesos. Con el paso de los años, ese profundo desencanto fue apagando por completo el amor que alguna vez sintió por él.
Ni siquiera recordaba en qué momento había dejado de amarlo. Solo tenía presente que, en los últimos años, su mundo giraba únicamente alrededor de la palabra “embarazo”.
¿A qué sabía el amor? Hacía tanto que lo había olvidado.
Por eso, cuando encontró esa foto, pudo asimilar tan rápido la traición de Valentín. Y por eso, ahora que había vuelto a vivir, fue capaz de alejarse de esa relación podrida sin dudarlo.
Todo había estado anunciado desde hace mucho.
Frente a la expresión retorcida de dolor en el rostro de Valentín, Karina sentía una calma absoluta, casi extraña.
Valentín sacudió la cabeza, incrédulo, mientras su voz se quebraba.
—¿Me odias? ¿Cómo puedes… odiarme?
Aprovechando el instante en que él aflojó la mano por la sorpresa, Karina se soltó de su agarre de un tirón. Dio un paso atrás, viéndolo como si fuera un desconocido.
—¿No te parece obvio? Lo que más detesto es la mentira. Desde la primera vez que decidiste engañarme, debiste saber que iba a terminar odiándote.
—Te mentí porque tu mamá mató a la mía —vociferó Valentín, los ojos inyectados de rabia.
—¡Basta! Ya te lo dije: mi mamá no hizo eso.
Karina lo interrumpió de golpe, la mirada cargada de un desprecio total.
No tenía el menor interés en seguir discutiendo con él. Se dio la vuelta y empezó a alejarse. Sin embargo, tras dar dos pasos, recordó algo y se giró una vez más.
—Valentín, yo también me siento triste y apenada por la muerte de la señora Magdalena. Ella y mi mamá fueron mejores amigas durante años. Por eso, jamás voy a permitir que ensucien el nombre de mi madre con una acusación tan injusta.
—En una semana, el juego “Vórtice de Sueños” estará disponible. Quizá ahí encuentres la verdad que tanto buscas.
—Si la muerte de tu mamá no tuvo nada que ver con la mía, quiero que le pidas una disculpa de frente, como corresponde.
Sin añadir más, Karina se marchó.
Pero la voz de Valentín, cortante y segura, la alcanzó desde atrás.
—Ese juego es un fracaso anunciado. El gran error del señor Boris. Cuando salga, será el fin de su fama. Así que mejor termina tu relación laboral con él antes de que te arrastre a su caída.
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