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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 317

—Vi a mi madre —dijo la joven, con la voz cargada de nostalgia—. Murió por cáncer de estómago, ya estaba tan delgada que casi no se reconocía cuando se fue. Pero en el juego, seguía siendo como la recordaba: siempre elegante, con sus vestidos sofisticados y esa sonrisa tan cálida. La abracé y lloré por mucho tiempo. Le conté que estoy bien, que al fin... al fin pude despedirme de verdad.

—Mi papá era muy estricto. Desde chica, siempre discutíamos. Incluso la última vez que hablamos, antes de que muriera en el accidente de carro, terminamos peleando. En el juego, él intentó disculparse, aunque se notaba que no sabía cómo hacerlo. Me dijo que no había sido un buen padre. Y entonces entendí: solo no sabía cómo quererme. Ese vacío, por fin lo pude llenar.

—Mi abuelita tuvo demencia por años. Cuando murió, ya ni me reconocía. Pero en el juego, era como cuando yo era niña: sacó un dulcecito del bolsillo con la mano temblorosa y me llamó como antes, mi niña...

Ese juego se había convertido en la caja de lágrimas de miles de personas, pero también en el remedio para sanar heridas que nunca creyeron cerrar.

Por supuesto, también existían personas como Karina en su vida pasada, que simplemente lo compraban para jugar en casa.

Pero el precio era una locura: solo el equipo de VR costaba más de un millón de pesos, y ni siquiera incluía la cabina de juego, así que había que conectarlo directamente a una pantalla.

Aun así, apenas habían pasado tres días desde el lanzamiento y ya era el juego de realidad virtual más reservado en todo el país.

No era raro que Innovación Infinita estuviera de fiesta.

Karina pensaba dejar el celular cuando vio que alguien la había mencionado en el grupo.

Era Octavio.

[@Karina Nuestra pequeña estrella, ¡esta noche tienes que venir sí o sí! ]

Karina leyó lo de "pequeña estrella" y no pudo evitar sonreírse.

Pensó que justo tenía algunas preguntas difíciles que quería consultarle a Octavio, así que evitaría otro viaje hasta la mansión Herrera.

Así que contestó con una mano haciendo la señal de OK.

Por la tarde, Karina terminó su trabajo antes de lo previsto.

Tras encriptar los datos importantes y guardarlos en el celular, tomó también otra laptop donde tenía otros sistemas y se encaminó al hospital.

Yolanda se veía mucho mejor, con buen color en las mejillas.

Platicaron un rato, y cuando vio que ya se hacía tarde, Karina se despidió para irse al lugar donde sería la fiesta de celebración.

Apenas iba llegando al ascensor cuando Hugo apareció.

—Srta. Karina, el señor Tomás está en el balcón. Dijo que necesita hablar con usted.

Tomás ya la había presionado varias veces. Ella solo respondía que tenía pendientes, así que al final él mismo tuvo que buscarla.

Pero la respuesta de Karina fue seca, cortante.

—No he negociado nada.

—¡Cof... cof! —Tomás casi se atraganta con el cigarro, y la frustración se le notó de inmediato.

—¡Karina! ¿Estás al tanto de que este es un proyecto nacional?

—¿Y eso qué? —le reviró ella, sin inmutarse.

Tomás soltó una risa incrédula y la miró, tratando de descifrar si de verdad no entendía o si solo se hacía la despistada.

—¿De veras no te das cuenta de todo lo que está en juego, o solo te haces la que no sabe? Si conseguimos este proyecto, el Grupo Galaxia tendrá asegurados los próximos años. ¡Incluso podríamos entrar en el top cincuenta de empresas tecnológicas del país!

Karina, impasible, solo respondió con desgana.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? A lo mucho me darán un poco más de utilidades. Por ahora tengo suficiente dinero. No pienso perder tiempo en esto.

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