Ella bajó aún más la voz y susurró unas cuantas palabras en su oído.
Mientras Gonzalo la escuchaba, sus ojos se fueron iluminando poco a poco; al final, la impaciencia que lo consumía se transformó en un júbilo salvaje y una avidez imposible de ocultar.
De pronto, la abrazó con una fuerza desbordada y la besó de manera torpe y ansiosa, mientras sus manos, ya sin control, tiraban de su elegante vestido, que de por sí ya estaba arrugado.
—¡Mi Sabrina sí que es lista! Cuando consiga lo que quiero, nos largamos juntos de aquí. ¡Y no volveremos jamás!
Respiraba agitado, los ojos encendidos de locura.
—Si me das otro hijo, por fin el apellido Leyva se mantendrá vivo…
...
Al día siguiente.
Karina se despertó alterada por el insistente timbre de su celular.
A tientas, buscó el teléfono y, al ver que era Isabel quien llamaba, contestó de inmediato.
—¿Bueno…?
Del otro lado, la voz de Isabel sonaba como si el mundo se le viniera abajo; se notaba que intentaba contener el llanto, pero aun así la emoción la desbordaba.
—¡Señorita! ¡Señorita, lo que me pidió de vigilar las cámaras de la casa… por fin, por fin salió algo!
—¡Anoche volvió esa mujerzuela! ¡Y estuvo con el señor… estuvieron juntos toda la noche…!
Karina despertó de golpe, sentándose de inmediato en la cama.
—Ya voy para allá.
Colgó, se quitó la cobija y se levantó con rapidez.
La última vez que regresó a la casa y notó que faltaban varias cosas, decidió no despedir a Andrés, quien siempre aparentaba obediencia solo de palabra. Apenas le dio un par de advertencias, pidiéndole que recuperara lo que se había perdido.
Después ni siquiera volvió a preocuparse por lo que pasaba en la casa.
De hecho, lo hizo a propósito: dejó ese espacio para Gonzalo, para que bajara la guardia y ella pudiera reunir pruebas contundentes de su infidelidad.
Sabía que si él pensaba hacer de las suyas en la casa, lo primero que haría sería apagar las cámaras.
Por eso, hacía tiempo que Karina había reconfigurado todo el sistema.
Las cámaras se sincronizaban en la nube las 24 horas; aunque las apagaran manualmente, después de un minuto volvían a encenderse solas.
Durante este tiempo, mantuvo a Isabel protegida en Veritas & Clue, dándole solo una tarea: vigilar las cámaras.
Y al final, los resultados llegaron.
—No hace falta, ustedes en la estación siempre están ocupados. Mejor me lo llevo, él se porta muy bien.
Pero Javier, al oír eso, abrió los ojos como platos.
—¿De verdad es bombero, señor?
Estaba tan emocionado que casi salta de la silla, el rostro lleno de admiración.
—¡Wow! ¡Qué genial! ¿Puedo ir a la estación de bomberos a jugar?
Lázaro lo miró divertido y soltó una carcajada baja, encogiéndose de hombros hacia Karina.
—Parece que quiere venirse conmigo.
—Mejor que vaya contigo. Cuando termine, paso por él a la estación.
Karina vio la carita de ilusión de Javier y no pudo negarse.
—Está bien.
Le revolvió el cabello suave y le advirtió con cariño.
—Pórtate bien cuando estés con el señor, nada de andar corriendo por ahí, ¿sí?

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