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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 350

—¡Ajá, ajá!

Javier asintió con fuerza y, con mucho cuidado, tomó el huevo frito doradito de su plato y lo puso en el de Karina.

—Señorita, coma más, así el bebé va a crecer fuerte y rápido.

Karina no pudo evitar reírse ante lo serio que se veía Javier diciendo eso.

La mirada profunda de Lázaro se posó en la sonrisa de Karina, justo en la pequeña hendidura que se le formaba en la mejilla, y tragó saliva con cierta dificultad.

—Tener un niño... tampoco suena mal —murmuró, casi como si pensara en voz alta—. ¿No te parece?

La sonrisa de Karina se desdibujó un poco.

Ella sabía que Lázaro siempre había querido tener un hijo, pero… la verdad, no sentía ganas de ser madre.

—Déjame pensarlo un tiempo, ¿sí? —bajó la mirada, evitando sus ojos—. Digo, los dos estamos jóvenes todavía, ¿no crees?

—Yo ya no soy tan joven —replicó Lázaro con una voz tranquila, pero en su tono se notaba que iba en serio.

Karina se quedó callada. No supo cómo responder a eso.

Él le llevaba seis años; tenía veintiocho.

Pero si sumaba los siete años de su vida pasada, ella era incluso mayor que él.

Karina pensó eso en silencio, pero en voz alta solo bromeó:

—Los hombres pueden tener hijos hasta los ochenta, ¿de qué te preocupas?

De pronto, Lázaro arrastró la silla junto a ella y se sentó pegadito a su lado.

Bajó la voz, tan cerca de su oído que pudo sentir su aliento cálido.

—La mejor calidad… es en esta etapa. Los niños salen más listos.

El calor de sus palabras le subió por la oreja y le encendió las mejillas.

Karina se apuró a tomar su vaso de leche, lo terminó en dos tragos y agarró una servilleta para limpiarse la boca de cualquier forma.

—¡Déjame pensarlo!

Aventó esa frase, agarró su bolsa y salió casi corriendo como si huyera de una emboscada.

Detrás de ella, Javier soltó una carcajada contagiosa.

—¡Señorita, se puso nerviosa! ¡Ja, ja, ja!

En la mirada de Karina solo había oscuridad.

Extrajo el fragmento del video y se lo mandó directo a Belén.

Apenas pasaron unos minutos, cuando Belén llegó hecha un torbellino.

—¡No puede ser! ¡Cómo hay gente tan venenosa en el mundo! Kari, tranquila, solo con lo que tenemos sobre intento de homicidio y robo de patrimonio, esos tipos no vuelven a ver la calle. ¡Mínimo cadena perpetua!

Mientras Belén hablaba, el celular de Karina sonó. Era Jimena.

Contestó de inmediato.

Del otro lado, la voz de Jimena temblaba, al borde del llanto.

—¡Señorita, esto es grave! La señora no ha despertado en todo el día, no responde aunque la llame, la acabo de llevar a urgencias, la están atendiendo ahora mismo.

En ese instante, la voz de Sabrina retumbó en su cabeza: "No te preocupes, Yolanda no llegará a la audiencia".

El corazón de Karina dio un vuelco, subiéndole hasta la garganta.

Sin pensarlo más, salió corriendo.

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