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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 417

Afuera de la oficina se escucharon ruidos, y el asistente personal empujó la puerta de golpe.

—Señor Valentín…

—¡Lárgate! —Valentín rugió sin siquiera voltear.

La puerta se cerró de inmediato.

—¡Me duele... Valentín, me duele mucho...! —Fátima se retorcía de dolor, el cuerpo entero le temblaba, las lágrimas se mezclaban con el sudor frío que le corría por la cara.

Valentín se agachó lentamente, pero el pie que tenía sobre la mano de Fátima apretó con más fuerza. Sus ojos inyectados de furia no se despegaban de ella.

—¿Ahora sí sabes lo que es el dolor?

—¿Te imaginas cuánto le dolió a mi madre en ese momento? A ella no le destrozaron solo unos dedos...

Fátima negó con la cabeza, su voz ahogada y temblorosa.

—¡Me equivoqué, ya entendí, te lo juro que estoy arrepentida...!

—¡Tú no tienes idea de lo que es estar arrepentida! Igual que tu madre, la maldad les corre por la sangre. Por dentro, están podridas, son igual de venenosas.

De un tirón, Valentín la jaló del cuello de la blusa y la puso justo frente a su cara.

—¡Por tu culpa no tengo cara para ver a Karina!

—¡Con ella... Con ella yo pude haber sido feliz toda la vida! ¡Pudimos haber formado una familia, tener hijos inteligentes como ella, ojalá nada parecidos a mí... No, nada, ni un poco como yo, tan idiota!

—¡Pero tú lo arruinaste todo! ¡Fuiste tú, con tus propias manos, quien destrozó mi mundo entero!

Fátima ya no podía respirar bien, el llanto le cortaba la voz y la garganta le ardía.

—¡De verdad ya entendí... Por favor, Valentín, me duele, te lo suplico...!

Valentín cerró los ojos despacio. Cuando los abrió de nuevo, la furia de antes se había esfumado, dejando solo una mirada apagada, tan helada como la muerte.

—¿Matarte? Eso sería un premio que no mereces.

—Fátima, de ahora en adelante vas a entender lo que significa vivir peor que estar muerta.

Apenas terminó de hablar, la soltó de golpe y retiró el pie de su mano.

Fátima se hizo un ovillo en el suelo, abrazando los dedos ensangrentados y soplándolos entre temblores.

Valentín ni siquiera se dignó a verla otra vez; simplemente se giró y salió de la oficina.

El asistente personal que esperaba afuera ni respiraba.

—Llévensela de la empresa.

—Mejor revise primero quién tiene la mayoría de las acciones en Grupo Lucero antes de decir esas cosas, ¿no cree?

—Papá, Grupo Lucero ya no es el mismo de hace seis meses.

De pronto, su voz se volvió dura.

—Yo, en algún momento, pensé en ayudarte a llegar a la presidencia el próximo año.

—Pero si usted sigue tan perdido, tal vez sea hora de buscar a alguien más a quien apoyar.

Colgó sin esperar respuesta.

No iba a perderse la elección más importante del año siguiente.

Grupo Lucero había llegado tan alto gracias a su esfuerzo; el plan siempre fue que su padre tomara el puesto más alto. Todo debió haber salido perfecto.

¿Pero quién hubiera imaginado que ese hombre, tan astuto toda su vida, terminaría cegado por el amor?

Y para colmo, por la misma persona que destruyó a su madre.

Esa espina, no iba a tragársela.

Ni ahora, ni nunca.

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