Jimena miró el reloj de pared y, de inmediato, se puso de pie.
—Señorita, ya es algo tarde. El señor debe estar por regresar. Mejor me voy a mi cuarto, así no los molesto a ustedes dos.
Era ese sentido de discreción propio de las empleadas, pero también una costumbre grabada en lo más hondo tras tantos años de servicio.
Sin embargo, Karina la detuvo, sujetándola suavemente del borde de la blusa.
—No te vayas, Jimena, quédate conmigo, ¿sí?
Le señaló el sofá de al lado.
—Si quieres, siéntate ahí. Puedes ver tus series.
Sabía bien que, fuera de sus tareas cotidianas, lo único que le apasionaba a Jimena era ver en su celular esos mini dramas de capítulos cortitos, que apenas si duraban unos minutos.
Jimena dudó, con un poco de pena, pero al ver la mirada dependiente de Karina, terminó cediendo.
No obstante, la conocía demasiado bien, y enseguida notó que algo raro pasaba.
—Señorita, ¿segura que está bien? ¿Acaso pasó algo allá afuera estos días?
Karina le sonrió, negando con la cabeza, y no respondió.
Jimena, notando que no quería hablar, decidió no insistir.
Sacó su celular en silencio y puso una de esas series, aunque con el volumen tan bajo que apenas se oía.
Karina también empezó a distraerse con su propio celular, cuando de repente apareció un mensaje de Belén en la parte superior de la pantalla.
[Te tengo una buena noticia y una mala, ¿cuál quieres primero?]
Karina alzó las cejas, intrigada.
¿Ahora sí piensa decirme todo?
Tecleó una respuesta breve.
[La buena.]
[¡Tengo novio! ¿Te sorprende? ¿Te lo esperabas?]
Karina no pudo evitar sorprenderse un poco. Eso sí era una noticia inesperada.
Así que preguntó:
[Y la mala, ¿cuál es?]
En vez de responder por mensaje, Belén de inmediato le marcó por llamada.
¿Había cambiado tanto todo sólo porque esta vez se casó tan rápido con Lázaro? ¿Será que por eso todo a su alrededor tomaba otro rumbo?
En ese momento, la voz de Belén la sacó de sus pensamientos.
—¿Tu esposo ya llegó? Si todavía no, me subo a verte, apenas acabo de llegar a casa.
No pasó ni un minuto cuando sonó el timbre. Belén prácticamente se lanzó al interior como una ráfaga.
Sin dudarlo, abrazó a Karina y empezó a frotarse contra ella en un gesto exagerado.
—¡Kari! ¡Felicidades! La nueva estrella tecnológica, la futura reina de la industria. ¡Hoy te luciste, de verdad!
Apretándola aún más, añadió con tono juguetón:
—Déjame pegarme, a ver si se me pega algo de tu buena suerte y también despego en mi carrera.
Karina no pudo evitar reír, aunque terminó apartando la cabeza de Belén con cariño.
—Oye, ya me contaste que te enamoraste y que perdiste el trabajo, pero ¿qué tienen que ver esas dos cosas?
Apenas tocó el tema, a Belén se le llenó la cara de fastidio.
Se dejó caer en el sofá, indignada, y empezó a contarle lo sucedido con toda la rabia acumulada...

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