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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 528

Karina no quería que todo el mundo se enterara de su embarazo, así que simplemente siguió el juego y asintió levemente.

—Sí, tengo esa idea.

Bajó la mirada, concentrándose en cortar la porción de foie gras de su plato.

No se dio cuenta de que la sonrisa de Bárbara se desvaneció por un instante, y en sus ojos apareció un destello difícil de descifrar.

Cuando Karina volvió a levantar la cabeza, Bárbara ya había recuperado esa expresión amable y atenta, dibujando una sonrisa en sus labios.

—¿Has escuchado alguna vez la leyenda de los gemelos?

Karina la miró perpleja, con el cuchillo y el tenedor detenidos en el aire.

—¿Gemelos? ¿Qué pasa con eso?

Bárbara fingió sorpresa.

—¿Tu mamá nunca te lo contó? ¿En tu familia no creen en esas cosas?

Al ver que Karina seguía igual de confundida, Bárbara soltó un suspiro resignado, se inclinó un poco hacia adelante y bajó la voz.

—Ahora que estás buscando embarazarte, tienes que tener cuidado.

—Dicen que si te llegas a embarazar de gemelos, en muchas familias de la alta sociedad eso es motivo de preocupación, porque lo consideran… de mala suerte.

Hizo una pausa, luego intentó tranquilizarla.

—Pero tampoco te estreses tanto, la posibilidad de tener gemelos es muy baja, a menos que tu familia tenga ese gen.

Karina se quedó completamente en shock.

Imágenes comenzaron a cruzar por su mente.

Aquellas señoras de la alta sociedad en el hospital, que de repente la evitaron y empezaron a murmurar entre ellas cuando se enteraron de su embarazo.

La reacción de su madre y su abuelita cuando supieron que esperaba gemelos: lejos de estar felices, sus rostros se tensaron y salieron de prisa a la iglesia a encender velas y rezar.

Y… Lázaro.

Durante el ultrasonido, esa inquietud tan evidente en sus gestos, el peso de la preocupación en su mirada…

Entonces…

¿Todos ellos ya sabían de esto?

—¿Karina? ¿Karina?

La voz de Bárbara la sacó de sus pensamientos.

—¿Qué te pasa? Te pusiste pálida, como si te hubieras ido muy lejos.

Bárbara se acercó un poco más, insistiendo:

—Te estoy preguntando, ¿en la familia de tu esposo hay antecedentes de gemelos?

Después de un rato, tomó su celular y marcó un número.

—Necesito que investigues si Karina ya está embarazada.

Colgó. Luego, moviendo los dedos sobre la pantalla, subió la foto que se había tomado con Karina a sus publicaciones, agregando el mensaje: [Un rato de confesiones con mi amiga, platicamos increíble.]

Acto seguido, entró al perfil de Boris en WhatsApp.

La conversación estaba llena de mensajes suyos, sin respuesta. El último mensaje de Boris era uno seco y distante de hacía un mes: [No tengo tiempo.]

Bárbara no sabía si él vería su publicación, pero le daba igual. Lo que quería era dejarle claro que ella y Karina eran buenas amigas; aunque él la apreciara, tenía que aprender a poner límites.

...

Por otro lado, Karina manejó el Porsche de regreso a Paraíso Austral. Ya en el estacionamiento, se quedó sentada en el carro, celular en mano, revisando su lista de contactos. Quería preguntar sobre el tema de los gemelos, pero no sabía a quién recurrir. ¿Quién podría darle una respuesta?

Después de unos minutos, decidió bajar del carro.

En ese momento, una figura alta y con un aire imponente salió del edificio.

Traía un traje negro perfectamente planchado, el gesto serio y una presencia que alejaba a cualquiera. Su mirada era tan cortante que parecía advertir: “Ni te me acerques”.

Era Valentín Lucero.

¿Qué hacía él saliendo del edificio donde ella vivía?

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