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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 529

Parecía que él la había estado esperando ahí. Al verla, ni siquiera mostró sorpresa alguna.

Valentín se acercó, su voz baja y profunda.

—Karina, ¿ya regresaste?

Los guardias bajaron del carro con rapidez, interponiéndose entre Karina y él para bloquearle el paso.

Karina frunció el ceño, su tono tan distante como un muro.

—¿Qué haces aquí?

Valentín echó un vistazo a los guardias delante de él, con una expresión resignada que, al final, volvió a posarse en el semblante impasible de Karina.

—Estoy aquí, en tu edificio. Compré otro departamento en el piso de arriba.

Solo para poder entrar y salir fácilmente, solo para poder estar más cerca de ella.

Durante ese tiempo, él sabía que Karina estaba estudiando y no se atrevía a molestarla.

Apenas había visto su carro desde la ventana, casi bajó corriendo para alcanzarla.

Al escuchar esto, Karina no pudo evitar soltar una carcajada cargada de rabia.

Antes no se había dado cuenta de lo terco que era Valentín, pero ahora estaba claro: cuando se obsesionaba, se volvía un loco al que nada le entraba en la cabeza.

Con una mueca sarcástica, le lanzó:

—¿Por qué mejor no compras todo el edificio y ya?

Valentín, como si no notara la burla, la miró con seriedad.

—Si tú quieres, también lo hago.

—Al final, todo el dinero que gano es para ti. Si quieres este edificio, mañana mismo lo compro y te lo regalo.

Karina se quedó sin palabras.

El guardia, viendo la tensión, intervino en el momento justo.

—Señorita Karina, mejor subamos.

Karina asintió y justo cuando pensaba rodear a Valentín para irse, él la detuvo, la voz le temblaba de urgencia:

—Karina, hablo en serio. Te voy a demostrar que soy más sincero que Lázaro.

Karina se detuvo en seco.

Ya no quería seguir viendo cómo él se aferraba a una ilusión.

Ella había encontrado su propio camino y esperaba que Valentín hiciera lo mismo, que dejara de perseguirla y buscara su propia felicidad.

Se giró, enfrentándose a sus ojos obstinados y respiró hondo.

—Tenemos que platicar.

Sin decir más, se adelantó rumbo al pequeño parque junto al lago artificial.

Los ojos de Valentín se iluminaron de inmediato y la siguió sin pensarlo dos veces.

Karina les hizo una seña a los guardias para que no se acercaran demasiado.

No quería que ellos malinterpretaran lo que iba a decir.

Mientras hablaba, levantó la mano y señaló a los guardias.

—Si no fuera por ti, ¿crees que tendría que andar siempre con guardias?

—Si no fuera por ti, ¿por qué tendría que estar siempre alerta?

Cada palabra pesaba, cargada con todo el dolor y la rabia acumulada en dos vidas.

—Toda la desgracia que viví antes y ahora, tú me la trajiste.

—Si de verdad te arrepientes, lo mejor que puedes hacer es alejarte y dejarme vivir en paz.

Valentín se quedó paralizado.

Sentía un dolor en el pecho tan fuerte que apenas podía respirar.

Sí, todos sus sufrimientos se los había causado él.

Pero ahora, de verdad quería cambiar, quería arrancarse el corazón y mostrárselo, cuidarla, darle esa familia que tanto anhelaba.

¿Por qué? ¿Por qué no podía confiar en él una vez más?

La obsesión volvía a apoderarse de Valentín. Sus ojos enrojecidos parecían a punto de romperse.

—Karina, solo te pido una oportunidad más, ¡una sola! ¿Sí?

—No voy a volver a fallarte, te doy una familia, te doy hijos, te doy lo que quieras.

—¡Hasta las estrellas, haría que un astronauta te las bajara si eso quieres!

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