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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 570

Karina se quedó pasmada, mirándolo con asombro.

Jamás imaginó que él le diría esas palabras con tanta seriedad.

—¿No somos ya esposos? —preguntó, incrédula.

—Me refiero a ser novios —insistió Lázaro, con una terquedad inesperada—. Un matrimonio sin haber sido novios, es difícil que dure para siempre.

—La idea es pasar toda la vida juntos.

Se inclinó hacia ella, y su mano cálida cubrió la de Karina, apretándola con firmeza.

—Así que, hoy no volvemos a casa. Nos toca salir de cita.

El carro salió despacio del hospital y se mezcló con el tráfico.

Karina sintió un cosquilleo en el pecho, como si algo invisible le hubiera dado un suave empujón. Hasta el corazón le tembló.

¿Ser novios?

Jamás habría creído que, estando casada y embarazada, tendría la oportunidad de volver a enamorarse desde cero.

La idea, para ser sincera, le resultó extrañamente emocionante. Era una experiencia completamente nueva.

Y más aún... salir con Lázaro como si fueran novios.

Ese hombre, que para los demás era pura coraza y disciplina, pero que con ella sabía ser un torbellino de dulzura o de mando, y hasta tenía un lado travieso. ¿Cómo sería tener una cita con él?

De pronto, Karina se sintió llena de expectativas.

El carro terminó estacionándose en el sótano de un enorme centro comercial.

Lázaro bajó primero, rodeó el carro para abrirle la puerta y, como si lo hubiera hecho mil veces, tomó su bolso y la sujetó de la mano con naturalidad.

El centro comercial estaba calientito, lleno de gente y con ese ambiente tan cotidiano y animado de cualquier ciudad.

Lázaro la guiaba de la mano, igual que cualquier pareja joven, caminando sin rumbo fijo.

Al pasar frente a una tienda de accesorios, Karina se detuvo. Los adornos brillantes del aparador llamaron su atención.

—¿Entramos a ver? —preguntó Lázaro, en voz baja, detectando de inmediato su interés.

Karina asintió y lo jaló hacia el interior.

Por un instante, se sintió como una adolescente en su momento más feliz. Se probó una diadema con destellos, luego tomó unas pinzas para el cabello en forma de orejas de gato y volteó a ver a Lázaro.

Él, vestido de negro de pies a cabeza, con suéter de cuello alto y abrigo a juego, parecía completamente fuera de lugar en ese local todo rosa y lleno de objetos bonitos.

Karina dejó que la picardía le brillara en los ojos.

De repente, tomó una diadema rosa con orejas de conejo y, de puntitas, se la puso a Lázaro en la cabeza, sin darle oportunidad de decir nada.

Sin darle tiempo de reaccionar, Karina tiró de Lázaro hasta una máquina de fotos instantáneas escondida en una esquina.

—¡Ponte esto! —exclamó, dándole unos lentes de sol chistosos, mientras ella elegía una gorra con orejas de zorro.

Con el flash, las imágenes fueron capturando cada momento: los dos haciendo caras, ella de puntitas besándole la mejilla, él abrazándola de la cintura y besándola en la comisura de los labios.

Pronto, la máquina escupió la tira de fotos. Juntos, cabeza con cabeza, miraron esos recuerdos frescos y no pudieron evitar reírse de lo bien que se veían.

—¡Vamos, ahora allá! —gritó Karina, llena de energía, y llevó a Lázaro directo a la zona de videojuegos.

Desde que volvió a tener otra oportunidad en la vida, su carácter se había vuelto mucho más sereno, y casi había olvidado lo mucho que le gustaban los juegos.

Por suerte, su embarazo todavía era de poco tiempo, así que podía jugar máquinas que no exigieran mucho movimiento.

Durante todo el tiempo, Lázaro la acompañó con paciencia, ayudándola con las monedas y cuidándola mientras jugaba carreras.

Pero su aspecto no pasaba desapercibido: esa expresión seria y sus rasgos marcados hacían que resaltara en medio de los jóvenes como una garza entre patos.

No tardó en atraer miradas, especialmente de varias chicas. Incluso, después de una partida, una joven con ropa llamativa se acercó con decisión.

—Oye, guapo, ¿me pasas tu WhatsApp?

Karina alzó una ceja y, para seguirle el juego, se acercó imitando el tono coqueto de la chica:

—¿Y tú, guapo, tienes novia? Si no tienes, ¿quieres ser mi novio?

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