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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 577

Karina soltó la mano de Belén y se hizo a un lado para dejarle espacio.

Mario tomó una cucharada con mucho cuidado, sopló con esmero para enfriarla y luego la acercó a los labios de Belén.

Belén cerró los ojos, encantada.

—¡Qué rico!

Chasqueó la lengua y miró a Karina.

—Kari, ¿de dónde lo compraste? Sabe increíble, nunca había probado algo así.

—Brisas del Caribe —respondió Karina con una sonrisa.

Luego añadió:

—Te aparté el menú para toda la semana. Todas las mañanas te van a traer uno, y en la tarde viene la comida especial.

Los ojos de Belén se abrieron como platos.

—¿Brisas del Caribe? ¡Eso cuesta más de mil pesos la sopa! Vaya vida de consentida, ahora sí me siento mantenida por una millonaria.

Mario no tardó en sumarse:

—De verdad, muchísimas gracias, Karina.

—No digas eso, somos familia. Lo que importa es que Belén se recupere, lo demás no cuenta.

Karina echó un vistazo al reloj.

—Tengo una junta en el grupo dentro de poco, así que me voy adelantando.

Antes de salir, se acercó otra vez a Belén, sin lograr quedarse tranquila y empezó a darle instrucciones como si fuera mamá gallina.

—Nada de hacerte la valiente, si tienes sed, hambre o necesitas ir al baño, le avisas a Mario. No te vayas a forzar, ¿sí?

Belén asintió como si fuera un pollito picoteando maíz.

Solo entonces Karina pudo marcharse con la conciencia tranquila.

...

Desde que Karina ganó el primer lugar en el concurso de inteligencia artificial, el Sistema Firmamento se volvió tendencia y el precio de las acciones de Grupo Galaxia subió varios puntos.

Ya casi era fin de año. Mientras todo siguiera en orden, el bono navideño seguro vendría duplicado.

Por eso, cuando Karina pisó la empresa esa mañana, el ambiente se sentía completamente distinto.

—¡Señorita Karina, buenos días! ¡Hoy se ve increíble!

—Siempre dije que la señorita Karina era la mejor, el Sistema Firmamento es una maravilla.

—De verdad que usted es una genio, la próxima estrella de la tecnología.

Se acercó al escritorio y habló con seriedad.

—Karina, perdóname.

Tomás la miró fijamente.

—Sé que fui un tonto, cometí muchos errores y dije puras estupideces. Solo espero que… puedas perdonarme.

Pero Karina ni siquiera levantó la vista.

Estaba atenta al mensaje que Lázaro acababa de enviarle.

[Te extraño.]

Un corazón rojo acompañaba esas palabras.

Solo unas letras sencillas, pero para Karina fue como una pluma rozando su pecho, despertando una cosquillita dulce y alegre.

Ese hombre cada vez se ponía más cursi, parecía un adolescente enamorado. Apenas llevaban poco tiempo separados y ya lo sentía pegado como chicle.

Sin poder evitarlo, la sonrisa se le dibujó en los labios.

Agachó la cabeza y respondió con un suave toque en la pantalla.

[¿En qué andas?]

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