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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 616

Karina Leyva frunció el ceño.

Lo observó fijamente. En esos ojos oscuros y profundos bullía una posesividad casi obsesiva que no lograba descifrar.

Pero debajo de esa intensa emoción, se escondía un atisbo de… ¿dolor?

El corazón de Karina dio un vuelco.

«Si ya lo dijo…»

«¿No sería una grosería de mi parte no hacer nada al respecto?»

Se abalanzó sobre él de un salto, sentándose a horcajadas sobre su regazo. Le abrió el cuello de la camisa, dejando al descubierto la piel firme y la clavícula sensual que había debajo.

—Tú lo dijiste.

Soltó esas palabras y, sin dudarlo un instante, bajó la cabeza y le dio un fuerte chupetón en un lugar no tan visible, justo debajo de la clavícula.

Pensó que, aunque dejara marca, con un suéter de cuello alto se cubriría fácilmente.

Pero el cuerpo del hombre bajo ella se tensó de golpe, como un arco a punto de disparar.

Incluso un gruñido ahogado y contenido escapó de lo profundo de su garganta.

Karina no tuvo tiempo de levantar la cabeza antes de que todo diera vueltas.

Él giró de repente, dejándola aprisionada bajo su cuerpo, y su aliento ardiente le golpeó el rostro.

Antes de que pudiera reaccionar, su mano ya se había deslizado por su espalda.

Con la punta de los dedos, desabrochó con precisión el pequeño broche.

—*Vmm, vmm*…

El celular vibró en el momento menos oportuno.

Karina empujó al hombre que tenía encima.

—Pásame mi celular.

Lázaro Juárez frunció el ceño, molesto. La abrazó mientras su pecho subía y bajaba con agitación. Después de un momento, sacó el celular del bolso y se lo entregó.

Pero no sacó la mano de debajo de su ropa.

Su mano grande y con algunas durezas comenzó a acariciarla de nuevo, sin pudor alguno.

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Karina.

Con los dedos temblorosos, deslizó para contestar.

—¿Bueno?

Al hablar, su voz sonó suave y sensual, con un ligero jadeo que ni ella misma notó.

Al otro lado de la línea hubo una pausa de dos segundos.

Luego, llegó la voz recelosa de Beatriz:

La mirada de Karina se ensombreció.

En su plan original, la idea era precisamente atraer a Fátima a Villa Quechua.

Solo que no esperaba que, sin que ella moviera un dedo, Fátima se presentara sola.

Sabrina Barrios había estado demasiado callada últimamente, como si estuviera tramando algo grande.

No podía quedarse de brazos cruzados; tenía que adelantarse antes de que ella hiciera su jugada.

Por eso quería usar a Fátima para arruinar la reputación de Sabrina en Villa Quechua, para que no pudiera mantener su posición como esposa de un miembro del gabinete y para que Sergio Lucero no tuviera más remedio que divorciarse de ella para deslindarse.

Ya que Fátima estaba allí, su plan podía seguir adelante sin contratiempos.

—Como ya está en Villa Quechua, déjame encargarme de todo.

—Gracias por haberla estado vigilando todo este tiempo. —Hizo una pausa y preguntó—: ¿Cuándo tienes tiempo para traer a Javier a Villa Quechua de visita?

Beatriz suspiró al otro lado de la línea.

—Me temo que por ahora no podré. Últimamente he estado un poco ocupada.

Karina no pudo evitar insistir:

—Lo que te comenté la última vez, ¿lo has pensado?

***

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