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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 701

Mientras tanto, Lázaro ya había tomado su carro y se dirigía a toda velocidad hacia la mansión Juárez.

Se detuvo frente al gran portón y observó el edificio que le resultaba tan familiar. El odio en sus ojos no hacía más que crecer.

Era igual que el día que murió su hermano. Él se había arrodillado justo frente a esa misma puerta.

En ese entonces era pleno verano, el calor era insoportable.

El cuerpo de su hermano… no tardó en empezar a descomponerse, a oler mal.

Él lo abrazó con todas sus fuerzas, negándose a soltarlo, suplicándoles únicamente que le dieran un funeral digno.

Pero al final, lo único que recibió fue un dardo tranquilizante que le dio justo en la espalda.

Cuando despertó, su hermano ya había sido cremado y enterrado en silencio.

Por más que su madre lloró y le rogó que se quedara, él no volteó atrás.

Desde ese día, ese lugar dejó de ser su hogar.

Y nunca más había vuelto a poner un pie ahí.

Lázaro caminó hacia la entrada y, antes de que pudiera levantar la mano, la puerta se abrió desde adentro.

El mayordomo lo vio y se llenó de alegría.

—¡Señor, qué bueno que regresó! Rápido…

Antes de que pudiera terminar la frase, Lázaro ya lo había pasado de largo, arrastrando un aura helada y asesina mientras entraba a grandes zancadas.

La mansión Juárez era enorme y, en los últimos diez años, muchas áreas habían sido remodeladas y reconstruidas, cada rincón desprendía un lujo exquisito.

Pero él no necesitó ni pensarlo; el instinto de su cuerpo lo guio en una dirección.

Ese lugar lo llevaba grabado en la sangre y los huesos desde que tenía cuatro años.

Era el patio de su madre.

De niño, lo que más envidiaba era que su hermano pudiera vivir en el patio de su madre, que ella lo tuviera en sus brazos y lo llamara con cariño «mi tesoro, mi vida».

Su madre le compraba a su hermano los mejores dulces del mundo, los juguetes más divertidos.

Y él solo podía ser como un alma en pena, parado afuera del patio, mirando con anhelo.

De vez en cuando, le aventaban un pedazo de pastel a medio comer.

Era de un sabor que a su hermano no le gustaba.

La voz de su madre siempre lo acompañaba, cargada de un asco que no se molestaba en ocultar:

—¡Agarra eso y lárgate! ¡No estorbes ahí afuera!

Como si estuviera ahuyentando a un pordiosero de la calle.

Una vez, su hermano estaba persiguiendo mariposas en el patio cuando se tropezó y se raspó la rodilla.

Su madre salió corriendo, levantó a su hermano que no paraba de llorar y, sin más, le soltó una bofetada a él en la cara.

Lo insultó, le dijo que era un ave de mal agüero, que él había traído la mala suerte que provocó la caída de su hermano.

Capítulo 701 1

Capítulo 701 2

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