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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 833

Bajo la palma de Lázaro, podía sentir con claridad los movimientos vigorosos y llenos de vida que provenían de su vientre.

Eran fuertes, vibrantes.

Como dos pequeños corazones latiendo con fuerza bajo su mano.

Sus ojos se humedecieron y, al instante, la abrazó con más fuerza, hundiendo el rostro en el hueco de su cuello. Miles de palabras se agolparon en su garganta, pero al final solo logró articular una, cargada de una profunda emoción:

—Gracias.

«Gracias, Kari».

«Gracias por esforzarte tanto por nuestros hijos, por volverte tan fuerte».

«Gracias por darme un hogar, sin condiciones».

«Gracias… por estar siempre a mi lado, por ser mi única familia».

Karina sintió el ligero temblor de su cuerpo y, con ternura, levantó la mano para darle suaves palmaditas en su ancha espalda.

En medio de aquel momento de paz y calidez, el celular sobre el buró vibró de forma estridente.

Lázaro frunció el ceño instintivamente.

La soltó, tomó el celular y echó un vistazo.

La mirada de Karina también se posó en la pantalla, donde vio de nuevo aquel contacto familiar: «Número 3».

Su corazón dio un vuelco, adivinando que se trataba de noticias del ejército.

—Tú descansa un poco más, voy a contestar —dijo Lázaro, su voz recuperando rápidamente su habitual calma y firmeza.

Se levantó de la cama y salió a toda prisa de la habitación con el celular en la mano.

Pero a Karina se le había ido el sueño. Se incorporó lentamente y se recostó en la cabecera, con una extraña inquietud en el pecho.

Lázaro no tardó en volver.

Se acercó en silencio y, al llegar a la cama, se inclinó para abrazarla con fuerza.

—Puede que… tenga que ir a la frontera —dijo en voz baja.

El corazón de Karina se encogió al instante.

—Durante su traslado a la prisión de mujeres, alguien organizó la fuga de Sabrina Barrios.

—No te preocupes —se apresuró a tranquilizarla—, es parte de nuestro plan, la dejamos escapar a propósito.

Inclinó la cabeza y le dio un beso profundo en los labios, con la voz cargada de emoción.

—Espérame.

Tras decir esto, se dio la vuelta y salió de la habitación a grandes zancadas.

Karina lo siguió hasta la puerta.

Su figura alta y erguida desapareció rápidamente al doblar la esquina del pasillo.

La puerta quedó abierta, y el viento que soplaba desde el final del pasillo entró en la habitación, trayendo consigo un toque de frialdad.

El cuarto, que momentos antes estaba impregnado de su presencia y calidez, de repente se sintió vacío.

Y su corazón también se sintió vacío.

Karina se quedó de pie, acariciando su vientre de forma inconsciente, con una inquietud inexplicable en el pecho.

Después de tomar el desayuno que Noemí le preparó, se dirigió al estudio.

Solo manteniéndose ocupada podría acallar aquellos malos pensamientos.

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