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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 850

Valentín no le respondió.

Un hombre rubio de ojos azules, vestido con una bata blanca, se acercó a ellos.

Le estrechó la mano a Valentín con entusiasmo, hablándole en un idioma fluido que Karina no entendía en absoluto.

Valentín le devolvió la sonrisa, pero su mirada estaba fija en Karina.

El hombre extranjero pareció entender y le entregó a Valentín un documento que llevaba en la mano.

Valentín lo revisó, y tras confirmar que todo estaba en orden, firmó con su nombre y la empujó hacia el interior del laboratorio.

Un pensamiento aterrador explotó en la mente de Karina.

¿Quería usarla… para un experimento?

Presa del pánico, intentó levantarse de la silla de ruedas, pero Valentín la sujetó con fuerza por los hombros.

Su voz seguía siendo suave, pero sonaba como si viniera del mismísimo infierno.

—Tranquila, acabará pronto.

El corazón de Karina se desplomó.

—¡¿Qué es lo que vas a hacer?!

Cuanto más se adentraban, más nítida se volvía la imagen del laboratorio. Los instrumentos fríos, de un brillo metálico, parecían bestias monstruosas esperando para devorarla.

El pánico de Karina alcanzó su punto máximo.

Ya no le importaba ni el orgullo ni el odio. Se aferró desesperadamente al brazo de Valentín, su voz quebrada por el llanto.

—¡Valentín, no quiero entrar! ¡Sácame de aquí!

—Te lo ruego, sácame de aquí, por favor.

Levantó su rostro bañado en lágrimas, suplicándole con humildad.

—Si me sacas de aquí, te perdonaré… te perdonaré todo, ¿de acuerdo?

Valentín bajó la mirada y observó su rostro surcado por las lágrimas. En sus ojos obstinados, se agitaba una mezcla desgarradora de dolor y locura.

Se inclinó, y su aliento cálido rozó su oreja.

—Pero ahora mismo, no puedo creer ni una sola palabra de lo que dices, Karina.

Con la punta de sus dedos, le secó suavemente las lágrimas, con un gesto tan delicado como si estuviera tratando una joya invaluable.

—No te preocupes, solo es una inyección. Pasará rápido.

—Cuando despiertes, descubrirás que el mundo es un lugar maravilloso, y yo… también lo seré.

Las pupilas de Karina se contrajeron violentamente.

—¡Suéltame! ¡Quiero volver! ¡Quiero volver!

—¡Lázaro! ¡Lázaro, sálvame!

Gritaba su nombre una y otra vez, de forma incoherente, como si fuera la única tabla de salvación a la que podía aferrarse en ese momento.

***

Mientras tanto, en un avión privado que salía del espacio aéreo de la Federación de Costaverde.

Lázaro estaba apoyado en la ventanilla, su mirada sombría fija en las nubes que pasaban a toda velocidad por debajo.

Sin previo aviso, sintió una punzada helada en el corazón, un dolor vacío que lo invadió por completo.

Apretó con fuerza el amuleto que guardaba en el bolsillo del pecho, ya tibio por el calor de su cuerpo.

«Kari…».

Cerró los ojos y presionó el amuleto contra su corazón, como si así pudiera aplacar esa ominosa premonición.

«Espérame».

«Por favor, espérame».

«Te encontraré y te traeré de vuelta, te lo juro».

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