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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 852

Karina no entendió su reacción.

Pero pronto se dio cuenta de que algo no cuadraba en el ambiente.

El aire olía a sal y a la humedad de la brisa marina, e incluso le pareció oír el lejano murmullo de las olas.

Intentó levantarse de la cama, pero descubrió que sus piernas estaban débiles y sin fuerza, como si hubiera estado acostada durante muchísimo tiempo.

Se quedó un buen rato en la cama para recuperarse antes de apoyarse lentamente en el borde y ponerse de pie. Descalza, caminó paso a paso hacia el exterior.

Fuera de la habitación había un amplio balcón azul.

Salió al balcón y quedó instantáneamente paralizada por el paisaje que se extendía ante sus ojos.

Se encontraba en una mansión con vistas al mar, probablemente en el segundo piso.

Frente a ella, se abría un océano azul e infinito que, bajo el sol resplandeciente, brillaba como si estuviera salpicado de diamantes triturados.

Debajo, se extendía una playa de arena rosa de ensueño.

La arena era tan fina como cuarzo rosa molido y, bajo la luz del sol, despedía un halo suave y etéreo.

Se extendía desde sus pies hasta la lejanía, entrelazándose delicadamente con las aguas turquesas.

En la playa, unos niños de piel oscura corrían persiguiendo una pelota, y sus risas cristalinas llegaban hasta ella a pesar de la distancia.

Todo era tan hermoso que parecía un sueño, irreal.

Karina observó la escena durante un largo rato antes de volver en sí.

Su mente todavía estaba confusa.

La noche anterior, estaba segura de que se encontraba en su mansión, discutiendo con Valentín por la foto de Fátima y las pastillas anticonceptivas.

¿Cómo era posible que hoy, de repente, estuviera aquí?

Se esforzó por recordar, buscando alguna pista.

Pero algo fugaz cruzó su mente, tan rápido que no pudo atraparlo.

Inmediatamente después, sintió una punzada aguda en las sienes, como si un millar de agujas de acero se agitaran en su interior.

—Ay…

Soltó un gemido de dolor y se aferró instintivamente a la barandilla del balcón. Tardó un buen rato en recuperarse de aquella intensa punzada.

En ese momento, los niños que jugaban al fútbol en la playa se fijaron en ella y corrieron hacia allí sonriendo.

Levantaron sus caritas oscuras y le preguntaron algo en un idioma que Karina no entendía en absoluto.

—¿Por qué bajaste?

—¿Te sientes mareada? El médico dijo que todavía tienes un poco de anemia.

Karina apartó su mano con una mirada fría y distante.

—Te pregunto, ¿cómo es que estoy aquí?

Valentín la observó, su mirada cautelosa le provocó una maraña de emociones. Tragó saliva con dificultad.

No esperaba que el efecto del fármaco fuera este: que la memoria de Karina se detuviera justo en la noche anterior a que ambos renacieran.

Sin embargo, comparado con la mujer de hacía un mes, cuyo corazón y mente solo albergaban a Lázaro y para él solo había odio, que gritaba desesperada por escapar, la situación actual… era muchísimo mejor.

Rápidamente, ideó una explicación.

—¿Recuerdas que tuviste una hemorragia?

Karina asintió.

Instintivamente, se llevó la mano a su vientre plano. Sentía un vacío allí, como si algo le faltara.

Frunció el ceño, confundida.

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