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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 858

De vuelta en su habitación, cerró la puerta.

Con un clic, echó el seguro.

Se quedó inmóvil por un instante.

Fue un gesto inconsciente.

Antes, por muy fuerte que discutiera con Valentín, nunca había cerrado la puerta de la habitación con seguro.

Pero por alguna razón, desde que despertó, cerrar la puerta con seguro se había convertido en una especie de instinto.

Supuso que, pasara lo que pasara, no podía perdonarlo por todo lo que le había hecho durante años para evitar que se quedara embarazada.

Por eso, por muy bien que se portara ahora, por muy atento que fuera, ya no podía volver a la intimidad de antes.

Karina se tumbó en la cama y sacó el celular de debajo de la almohada.

Abrió la aplicación de VPN, dispuesta a iniciar sesión en WhatsApp.

El inicio de sesión en un nuevo dispositivo requería un código de verificación por SMS.

Sin pensarlo, pulsó “Obtener código”.

Luego, se quedó esperando en silencio.

Pasó un minuto.

El celular permaneció en silencio.

Fue entonces cuando se dio cuenta: estaba usando una tarjeta SIM nueva, no el número vinculado a su cuenta de WhatsApp.

Era imposible que recibiera el código de verificación.

Karina se pasó las manos por el pelo con frustración, frunciendo el ceño y murmurando para sí misma: —¿Por qué últimamente cometo errores tan tontos? Es como si me faltara un tornillo…

Como esa mañana, cuando fue a la tienda a comprar un celular sin tener un centavo.

O como ahora, esperando un mensaje que nunca llegaría, a pesar de saber que tenía una SIM nueva.

Sentía que algo no andaba bien con ella.

Antes, por muy despistada que fuera, nunca cometía errores de lógica tan básicos.

Ahora, sentía la mente lenta, como si algo la hubiera oxidado.

Respiró hondo para calmar la extraña sensación en su interior y, abandonando la idea de entrar en sus redes sociales, abrió el navegador y empezó a leer las noticias internacionales recientes.

***

Mientras tanto, en un contraste absoluto con la noche del Pacífico, en Privadas del Lago, en la mansión Quechua, apenas amanecía.

Yolanda, con los ojos inyectados en sangre, miraba fijamente el celular de Karina.

Su hija llevaba desaparecida un mes y medio.

Lo primero que hacía cada mañana al despertar era mirar el celular de su hija, con la esperanza de que, por un milagro, apareciera alguna pista.

Justo cuando se disponía a dejar el celular, una vez más decepcionada…

¡Ding!

El nítido sonido de una notificación de mensaje de texto resonó en el silencio de la mañana, sonando especialmente melodioso.

¡El corazón de Yolanda dio un vuelco!

***

Al otro lado del mundo, en la mansión de la isla.

Karina, ajena a todo, seguía navegando por las noticias internacionales sin mucho interés.

De repente, entre los titulares, vio el nombre de Valentín.

Su dedo se detuvo y pulsó sobre la noticia.

El titular era alarmante:

«¡Valentín, director ejecutivo del Grupo Lucero de la Federación de Costaverde, sospechoso de secuestrar a la señora Juárez, del Grupo Juárez, se encuentra en paradero desconocido y es buscado por la policía de la Federación de Costaverde!»

Karina se quedó atónita.

Valentín… ¿realmente se había convertido en un fugitivo?

¡Con razón la había llevado a esta remota isla del Pacífico!

¡Estaba huyendo!

Siguió desplazándose hacia abajo, buscando más detalles.

Al final de la noticia, había una sección de artículos relacionados.

De un vistazo, vio su propio nombre.

[Desaparición de Karina]

Instintivamente, hizo clic.

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