Entrar Via

Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 883

Respiraba bocanadas de aire, como quien acaba de salir a la superficie tras estar a punto de ahogarse.

Sentía que había tenido un sueño larguísimo.

En el sueño todo era oscuridad, no se veía nada.

Solo la voz de Valentín, metiéndose por todos lados, resonando en sus oídos como una maldición.

Lloraba, suplicaba, gritaba su nombre.

Le molestaba.

Le molestaba muchísimo.

Le hartaba tanto que quería morirse, pero no podía, él la tenía agarrada de la conciencia y no la soltaba.

Hasta que... lo escuchó decir que la dejaría ir.

Esas palabras fueron como la llave de su celda.

De repente quiso despertar.

Pensó que tal vez, si despertaba, podría dejarlo de verdad.

Karina intentó incorporarse lentamente.

Pero llevaba tanto tiempo acostada que sentía el cuerpo hecho trapo, no tenía ni gota de fuerza.

Sintió un dolor punzante en la muñeca.

Bajó la vista.

En su muñeca blanca y delgada había una cicatriz rosada y tenue; la marca de cuando se cortó las venas.

Karina curvó los labios en una sonrisa irónica y resignada.

Resulta que, bajo la vigilancia de Valentín, hasta morirse era una misión imposible.

—¡Crac!

Un sonido seco vino de atrás.

Karina se detuvo y giró la cabeza despacio.

Vio a Valentín paralizado en la puerta; a sus pies yacían los pedazos de un vaso roto.

—¡Karina!

Valentín corrió hacia ella en tres zancadas y la estrechó en sus brazos.

—¡Qué bueno...! ¡Qué bueno!

—¡Por fin despertaste!

—No tienes idea de cuánto me preocupé, pensé que... pensé que te iba a perder...

Karina sentía que le faltaba el aire por lo fuerte que la abrazaba.

No le devolvió el abrazo. Solo usó la poca fuerza que había logrado reunir para poner la mano en su pecho y empujarlo, débil pero firme.

—Dijiste... que me dejarías ir...

Como llevaba mucho tiempo sin hablar, su voz sonaba rasposa, como si hubiera tragado lija, áspera y desagradable.

Ni ella misma se entendió bien.

Pero Valentín la escuchó perfectamente.

Su cuerpo se tensó de golpe y la euforia en su rostro se congeló al instante.

Los brazos que la sostenían se fueron aflojando poco a poco.

Buscó rápidamente una mochila en el clóset, metió dos cambios de ropa y cosas de aseo personal.

Cerró el cierre, se echó la mochila al hombro, abrió la puerta y bajó directo hacia la salida principal.

Sin embargo, Valentín venía caminando a grandes pasos y la interceptó, agarrándola del brazo.

Miró la mochila en su espalda y un destello sombrío cruzó sus ojos.

—¿Tanta prisa tienes?

Karina no quería discutir, intentó seguir caminando.

—Suéltame.

Pero Valentín le apretó más el brazo. —Espera dos días más.

Karina forcejeó para soltarse, furiosa: —Valentín, ¿te vas a echar para atrás?

Lo miró con furia; en sus ojos solo había asco y desconfianza.

—No me estoy echando para atrás.

Valentín tenía la voz ronca, casi suplicante:

—Afuera hace mucho viento y todavía no estás bien del todo. Solo dos días, los últimos dos días, ¿sí?

—¡No!

Karina se negó sin pensarlo.

Quedarse un segundo más era una tortura para ella.

—¡Me voy ahora mismo!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador