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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 891

Karina corrió dos cuadras sin detenerse a tomar aire.

Se escondió detrás de una tiendita destartalada, jadeando con fuerza, con la ropa empapada en sudor frío.

Hasta que estuvo segura de que nadie la seguía, entró en el local.

—Jefe, deme una gorra y un cubrebocas, por favor.

Se cubrió por completo, y solo entonces sintió que el corazón le latía un poco más tranquilo.

Compró un pan en la calle, se lo comió y se fue directo al muelle para comprar un boleto en el primer barco que saliera de la isla.

Cuando sonó la sirena del barco, vio cómo aquella isla de pesadilla se alejaba cada vez más en el horizonte.

Karina se aferró al barandal con los ojos enrojecidos.

«Adiós».

«Esta vez, soy libre de verdad».

***

Por otro lado, Valentín acababa de regresar después de un día ajetreado.

Se quedó mirando el punto rojo en su tableta, y una vena en su sien comenzó a palpitar.

Ese punto rojo parpadeaba con una actitud burlona en otra isla, a cientos de millas náuticas de distancia.

—¿Qué pasó aquí?

—Ella no trae dinero ni identificaciones, ¿quién se la llevó?

Adrián le entregó con cuidado una captura de pantalla de las cámaras de seguridad que acababan de revisar.

—Señor, esto fue grabado en la isla... La señora parece haberle arreglado una prótesis de IA a un turista, y él le pagó doscientos dólares.

Valentín deslizó el dedo por la pantalla y la imagen se congeló en una foto borrosa.

En la foto, Karina estaba concentrada tecleando, y en esos ojos que llevaban mucho tiempo muertos, había vuelto a brillar una luz que no veía desde hacía mucho.

—Jé, no esperaba menos de ella.

Valentín soltó una risa baja, pero en el fondo de sus ojos había una oscuridad densa e imposible de disolver.

—Señor, ¿mandamos el helicóptero de inmediato? —preguntó Adrián.

Valentín miró otra señal en la pantalla que representaba al «Sr. Boris».

Estaban muy lejos el uno del otro.

—No hay prisa.

Valentín se desabrochó los gemelos de la camisa con parsimonia, dejando al descubierto una profunda marca de dientes en el dorso de su mano, hecha por Karina.

Acarició suavemente la cicatriz con la yema del dedo, con una mirada sombría y obsesiva.

—Déjala correr.

—Esa pajarita no sabe cómo es el mundo real; cuando se rompa la cabeza allá afuera, se dará cuenta de que la jaula es el lugar más cálido.

***

Capítulo 891 1

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