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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 983

Lázaro dijo con voz grave:

—Voy a regresar a mi país de inmediato para arreglar ese asunto.

—No hace falta.

Karina lo detuvo, explicándole:

—Ya comparé los datos preliminares y la verdad es que «Aura Biónica» se adapta mucho mejor a las necesidades de las personas con discapacidad.

—La supervivencia del más apto es una ley natural, y también la regla de oro en la tecnología.

—En tiempos de progreso tecnológico, cualquier producto corre el riesgo de quedar obsoleto; todo investigador debe aceptar esa realidad.

—Si usamos el poder del capital para aplastar o bloquear a otros solo porque su producto es mejor que el nuestro, eso sería la verdadera tragedia de la ciencia.

—Creo que lo que debemos hacer no es impedir que salga al mercado un producto superior.

—Sino concentrarnos, echarnos un clavado y mejorar el rendimiento de lo nuestro.

—Responder con tecnología, dejar que el producto hable por sí mismo.

Lázaro sintió una sacudida interna.

Sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa que mezclaba admiración y orgullo.

—Está bien. Entonces te deseo mucho éxito en tus estudios.

Su voz era grave y magnética, como las notas finales de un violonchelo; era de esas voces que te derriten el oído.

El ánimo de Karina se relajó.

Todavía se sentía un poco rara por lo que había pasado ayer en la mañana, pero el apoyo incondicional de Lázaro en ese momento hizo que soltara la lengua por completo.

—La verdad es que venir a recibir este premio me abrió los ojos a lo vasto que es el campo de la investigación.

—Y no se limita solo a lo médico.

—En esa conferencia vi conceptos loquísimos.

—Hay gente estudiando aplicaciones profundas de interfaces cerebro-computadora, ¡incluso quieren subir la conciencia humana a la nube!

—No te imaginas lo que es, ver el panorama científico mundial es como mirar un inmenso océano de estrellas.

Karina habló muchísimo.

Sobre los premios, los puntos de vista de los académicos más picudos y sus planes a futuro.

Lázaro solo escuchaba en silencio.

Estaba recargado junto a la ventana, oyendo a través del auricular su voz clara y alegre, llena de vida.

«Y esperándote a ti también».

Durante el último año, muchas veces quiso ir a ver a esos dos niños. Pero se había aguantado las ganas para concentrarse en encontrar a Karina. Si no la traía de vuelta, ¿con qué cara iba a mirar a esos pequeños que no habían visto a su madre desde que nacieron?

Pero ahora, por fin la había encontrado.

Aunque hubo complicaciones, ella perdió la memoria y ni siquiera sabía que tenía hijos.

Tampoco podía decirle la verdad por ahora, temiendo alterar sus nervios.

Pero como ya había terminado sus asuntos allá, Lázaro no podía esperar ni un minuto más.

Tras colgar, Karina se sintió de maravilla.

Ya que tenía el respaldo de su «marido», no tenía nada que dudar.

Abrió el perfil de Santiago y le contestó un mensaje.

[Acepto unirme al equipo como asesora técnica, pero soy un poco ambiciosa: también quiero estudiar con el profesor William.]

A los dos segundos de enviar el mensaje, el celular vibró.

Santiago contestó casi de inmediato: [¡Esa es una noticia increíble! Te aseguro que el profesor William se va a volver loco de la felicidad. Entonces, nos vemos mañana temprano en el restaurante de arriba, yo invito el desayuno.]

Karina respondió con un «OK».

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