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Renacer sin Perdón romance Capítulo 1229

Rosana miró a Alonso, pero no recibió de inmediato el folder que él le ofrecía.

Alonso, un poco incómodo, aclaró:

—Esto es la parte de las utilidades de la empresa. De acuerdo con el testamento de nuestros padres, todo esto te corresponde.

Rosana se quedó sorprendida. ¿En qué momento Alonso se había vuelto tan generoso?

Julio se acercó y añadió:

—Esto es tuyo, tienes que tomarlo.

Rosana lo miró una vez más y, finalmente, tomó el folder.

Después de todo, era algo que sus padres habían dejado; debía pertenecerle.

En ese momento, Román se acercó y le preguntó:

—¿Cómo va tu amiga?

—Ahora está muy bien —respondió Rosana, y al mencionar a Sara, una sonrisa se dibujó en su rostro.

Al terminar de comer, Román la buscó con la mirada y le propuso:

—Antes de que te vayas, ¿podemos platicar un rato?

—Claro —accedió Rosana sin titubear, siguiéndolo hasta una de las habitaciones del piso de arriba.

Afuera, el invierno se hacía sentir con fuerza, pero el cuarto resultaba cálido y acogedor.

Rosana fue directa:

—¿Qué es lo que quieres decirme?

Román la miró y confesó:

—Me enteré de que le advertiste a Alonso sobre la estafa de la empresa PZ. Me alegra saber que, a pesar de todo, todavía nos cuidas.

Rosana se mantuvo impasible:

—La verdad, solo no quiero que lo que dejaron mis papás termine en manos de unos estafadores.

—¿Y cómo supiste que la empresa PZ era una farsa?

Rosana lo miró con fijeza:

—Jamás dije que la empresa PZ fuera una estafa.

Rosana decidió seguir el juego:

—¿En qué cambié?

—En mi sueño, siempre te gustó esta familia. No importaba cómo te tratáramos, tú seguías siendo buena con nosotros. Nosotros nunca creímos en ti, siempre apoyamos a Leonor. Al final, tu destino fue muy triste... terminaste sola, en la clínica, y moriste sin que nadie te acompañara.

Rosana apretó lentamente el folder entre sus manos. Lo que Román decía era demasiado claro.

Alzó la mirada, y en sus ojos se dibujó una mueca de ironía:

—Así que, por hacerles caso toda la vida, terminé de la peor manera, ¿eh?

Román tragó saliva y sus hombros temblaron:

—Pero ahora, de repente, eres otra persona. Te enfrentaste a la familia, descubriste la verdad sobre el accidente de nuestros padres... Todo es completamente distinto a lo que soñé.

—¿Y eso está mal? ¿Prefieres que me quede viendo cómo ustedes me destruyen?

Román se agitó un poco, la voz le temblaba:

—¡No! No es eso lo que quiero decir. En realidad, estoy feliz de que hayas cambiado. Solo quería saber si tú... también tuviste el mismo sueño.

Rosana apretó los labios, sin contestar.

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