Al ver a Julio, el rostro de Elvira palideció.
¡Julio Lozano!
Seguía siendo el mismo de antes, siempre el centro de atención sin importar a dónde fuera.
¿Quién hubiera imaginado que este chico de oro llevaba en el fondo el alma de un cobarde hipócrita y egoísta?
Al recordar a sus dos hijos, quienes en su vida pasada habían sido asesinados por culpa de él, Elvira apretó los puños con fuerza.
«Julio Lozano, te juro que en esta vida, ¡te haré pagar muy caro!».
Claramente, Julio también había escuchado las burlas de las chicas. Frunció el ceño con fastidio, dio media vuelta y se alejó.
—No digan esas cosas, Elvira no es así —dijo Sabrina Sarmiento, fingiendo molestia.
Al ver que la persona frente a ella era Sabrina, una avalancha de recuerdos de su vida pasada inundó la mente de Elvira.
En su vida pasada, al subir de peso durante la preparatoria, se había vuelto muy insegura y tímida. En la escuela siempre la miraban como a un bicho raro. Solo Sabrina parecía interesarse por ella, y siempre la defendía frente a los demás.
Sabrina, con su rostro angelical y su apariencia inocente, era extremadamente popular en la escuela. A simple vista, despertaba en todos las ganas de acercarse a ella.
En aquel entonces, Elvira creyó de verdad que Sabrina actuaba de buena fe, sin sospechar que todo era una sucia estrategia para acercarse a Julio.
¿Y por qué la había elegido a ella? Simplemente porque era la prometida de Julio, y habían crecido juntos.
En su vida pasada, Sabrina siempre fingía ser el ángel compasivo de la escuela, y usaba a Elvira como el escalón perfecto para quedar como la heroína de la historia.
Ahora, Sabrina estaba repitiendo su viejo truco. Puso una mano sobre la de Elvira, mostrando una falsa preocupación, y preguntó:
—Elvira, ¿viniste a la piscina porque quieres ponerte en forma?
Como era de esperarse, en cuanto la multitud escuchó la excusa que Sabrina acababa de inventar, estallaron en carcajadas.
—¡Mírala, está enorme! ¡Por mucho que nade, Julio jamás se fijaría en ella!
Varias de las chicas se acercaron con la intención de llevarse a Sabrina.
Elvira observó con frialdad cómo aquellas estudiantes defendían a capa y espada a Sabrina. La razón por la que ella era tan popular en la escuela no era solo por su belleza, su personalidad complaciente o sus buenas calificaciones, sino por su supuesto estatus.
Este era el Instituto Linares, la preparatoria privada más exclusiva de Ciudad Linares. Todos los alumnos pertenecían a la élite. Como su apellido era Sarmiento, todos daban por sentado que era la heredera de la familia Sarmiento, los magnates inmobiliarios más grandes de la ciudad.
¡Pero lo que nadie sabía era que Sabrina no era ninguna heredera! Solo era la hija del chofer de los Sarmiento.
En su vida pasada, Elvira descubrió por accidente que la verdadera hija de la familia Sarmiento era otra persona. Sabrina simplemente se había aprovechado de sus buenas calificaciones y de las conexiones de la familia para usurpar el lugar que le correspondía a la verdadera heredera en la escuela.
La verdadera hija de la familia Sarmiento ya estaba estudiando en el extranjero. Elvira recordaba muy bien su nombre: Sara Sarmiento.
En un abrir y cerrar de ojos, Elvira se acercó, tomó las manos de Sabrina y dijo fingiendo culpa:
—Sara, perdóname por haberme puesto de mal humor hace un momento.

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