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Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex romance Capítulo 8

Al escuchar esas palabras, Julio finalmente reaccionó. Salió corriendo del reservado y gritó hacia Elvira, quien ya estaba a punto de irse:

—¡Elvira!

Julio se acercó con la intención de tomarla del brazo, pero Alejandro lo detuvo con voz furiosa:

—¡Julio Lozano! ¡Fuiste tú quien dijo que no querías casarte! ¿Para qué sigues buscando a mi hija?

El corazón de Julio ardía de indignación, pero en ese momento no tuvo más remedio que tragarse su orgullo.

—Señor Torres... Solo quiero cruzar un par de palabras más con ella.

Al ver a su padre tan alterado, Elvira intervino:

—Papá, no te preocupes. Solo hablaré un segundo con él. Espérenme en el auto, por favor.

Alejandro y Beatriz la miraron con duda, temiendo que su hija volviera a ceder.

Pero Elvira les dirigió una mirada tan firme y segura que los tranquilizó, y finalmente se dirigieron hacia el vehículo.

Elvira se giró hacia Julio y preguntó:

—¿Qué me quieres decir?

Como el vestíbulo estaba lleno de gente curiosa, Julio, visiblemente incómodo, la apartó hacia un rincón y le preguntó:

—Lo que dijiste sobre cancelar el compromiso... ¿fue por berrinche o hablabas en serio?

—Por supuesto que hablo en serio.

Elvira lo miró fijamente a los ojos. En su mirada ya no quedaba ni el más mínimo rastro de afecto o nostalgia.

Julio frunció el ceño.

—¿Es por lo que te dije antes de entrar? ¿O es porque te caíste a la piscina con Sabrina y no te ayudé?

La insistencia de Julio estaba empezando a fastidiarla.

—Es porque no me gustas y no quiero casarme contigo. ¿Quedó claro?

Esa respuesta pareció enfurecer por completo a Julio.

—¿Qué pasa? ¿Ya te arrepentiste?

Elvira le devolvió una sonrisa helada y, sin pensarlo dos veces, le arrojó la bebida que tenía en la mano directamente a la cara.

—¡Basura!

Julio se quedó paralizado. Sin dedicarle una sola mirada más, Elvira dio media vuelta y abandonó el hotel.

Mientras observaba cómo ella se alejaba, Julio apretó los dientes con tanta fuerza que casi se los rompe.

—¡Elvira... Torres!

Afuera del hotel, Alejandro y Beatriz no habían subido al auto porque estaban preocupados por su hija. Al verla regresar entera, por fin respiraron aliviados.

—Elvira, ¿no te arrepientes de esto? —preguntó Beatriz.

Elvira negó con la cabeza, luego miró a su padre y preguntó con seriedad:

—Papá, ¿todavía sigues financiando a los Lozano?

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