En la cima del rascacielos más alto de Puerto Santo, en una oficina minimalista con vistas panorámicas de toda la ciudad, Camilo González escuchaba el informe de su sobrino.
La luz del atardecer entraba por los ventanales, pintando la escena de tonos dorados y naranjas, pero el rostro de Camilo permanecía en la sombra, impasible.
—…y así, contra todo pronóstico, el Grupo Soto le arrebató el contrato de "Soluciones Marítimas" al Grupo Montero. Dicen que Esteban Montero salió de la reunión hecho una furia. Es la comidilla del mundo de los negocios hoy. Todo el mundo habla de la primera gran derrota del "niño prodigio".
Leo Montes le entregó una tablet con los detalles del contrato y los artículos de prensa que ya empezaban a circular.
Camilo no la miró.
Sus ojos estaban fijos en el horizonte, en el vasto tablero de ajedrez que era la ciudad, pero su mente estaba trabajando a una velocidad vertiginosa, conectando puntos que nadie más veía.
—¿Cuándo se divorció Montero? —preguntó de repente, su voz profunda y tranquila, cortando el relato de Leo.
Leo, acostumbrado a los saltos inesperados en la lógica de su tío, consultó sus notas rápidamente.
—Hace tres días, señor. Justo el día del incidente en el callejón donde la conocimos a ella… a la señora Valenzuela.
Camilo asintió lentamente, un gesto casi imperceptible.
Las piezas encajaban con una claridad aterradora.
Esteban Montero, el supuesto "niño prodigio", cuya carrera había sido una línea ascendente e impecable durante los últimos tres años, de repente sufre un fracaso catastrófico y humillante.
¿Y qué cambió en esos tres años?
Se casó con una mujer de origen humilde. Una mujer a la que toda la alta sociedad, incluido su propio círculo, consideraba una simple cara bonita, un adorno sin cerebro, una mancha en el apellido Montero.
¿Y qué cambió hace tres días?
Se divorció de ella. La desechó.
Y justo después, su imperio empieza a mostrar grietas. La primera ficha del dominó acaba de caer.
—La propuesta de Montero fue expuesta por una falla de seguridad muy específica y técnica, ¿correcto? —preguntó Camilo, más para confirmar su propia teoría que para obtener información.
—Correcto. Tan específica que parece que Soto sabía exactamente dónde y cómo golpear. La teoría más extendida es que hubo una fuga de información, quizás —sugirió Leo.


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