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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 70

Don Julio los condujo a un salón tan grande como la planta baja de la casa de Hernán. Las paredes estaban cubiertas de estanterías de madera oscura llenas de libros antiguos, y los muebles eran piezas de museo.

Un hombre con una bata blanca, evidentemente un médico, llegó discretamente. Tomó muestras de saliva de Magdalena y de un Don Julio visiblemente emocionado.

—Los resultados de la prueba de ADN estarán listos mañana por la mañana —anunció el médico antes de retirarse.

Pero para Don Julio, la prueba era una mera formalidad. No apartaba la vista de Magdalena, estudiándola como si quisiera memorizar cada detalle, cada gesto.

—Cuéntamelo todo —le pidió, su voz todavía temblorosa—. Tu vida. Cómo creciste.

Magdalena, con la ayuda de Hernán, empezó a relatar su historia. La infancia sencilla pero feliz en un pueblo pequeño, sus estudios, su amor por los números y la estrategia. Omitió, por supuesto, la parte más oscura de su matrimonio con Esteban.

Estaban a mitad de la conversación cuando la puerta del salón se abrió con fuerza.

Entró un hombre de unos treinta y tantos años, con el mismo pelo oscuro y los mismos ojos azules que Don Julio, pero donde en el anciano había dolor y esperanza, en el joven solo había una frialdad arrogante. Llevaba un traje que probablemente costaba más que el coche de Magdalena.

No se parecía en nada al heredero aparente, Ricardo, que habían visto en las fotos. Debía ser su hijo.

—Abuelo, ¿qué significa esto? —preguntó el hombre, su voz era cortante. Su mirada pasó por encima de Hernán como si no existiera, se detuvo en Camilo con un destello de reconocimiento competitivo, y finalmente aterrizó en Magdalena con un desprecio apenas disimulado—. Me dicen que has cerrado la empresa por el resto del día y has traído a extraños a la casa.

Don Julio se irguió en su asiento, su autoridad regresando.

—Rodrigo, estos no son extraños. Esta es Magdalena. Creemos… creo que es la hija de Lidia.

Rodrigo Solís, el primo que Magdalena nunca supo que tenía, la miró de arriba abajo. Su mirada era como un escáner, evaluándola, tasándola y, finalmente, descartándola.

Soltó una risa seca, sin humor.

Capítulo 70 1

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