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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 14

Esteban Montero entró en la sala de juntas de "Soluciones Marítimas" con la arrogancia de un conquistador romano entrando en una ciudad rendida.

Romina lo había besado apasionadamente en la puerta de la oficina, deseándole suerte.

—Vas a aplastarlos, mi amor. Demuéstrales a todos quién es el rey de esta ciudad.

Y él se lo había creído. Cada palabra.

La reunión transcurrió exactamente como esperaba. Su presentación, basada en los detallados apuntes y las elegantes diapositivas que Magdalena le había preparado hacía semanas, fue impecable. Habló con fluidez, usando términos técnicos que apenas entendía pero que sonaban impresionantes.

El equipo directivo de "Soluciones Marítimas", hombres mayores y conservadores, estaba visiblemente impresionado. Asentían, tomaban notas.

Al otro lado de la mesa, el equipo del Grupo Soto, liderado por el propio Maximiliano Soto, el padre de Valeria, parecía nervioso y a la defensiva. Susurraban entre ellos, con el ceño fruncido.

Esteban sonrió para sus adentros. La victoria era suya. Podía saborearla.

—…y como pueden ver, nuestra propuesta no solo es la más competitiva en precio, sino la más robusta e innovadora en términos de servicio a largo plazo —concluyó Esteban, con un gesto grandilocuente, abriendo los brazos como si ofreciera el mundo.

El CEO de "Soluciones Marítimas" asintió, muy complacido.

—Es una oferta muy atractiva, señor Montero. Realmente impresionante. Señor Soto, ¿algo que añadir para defender su propuesta?

Maximiliano Soto, un hombre de aspecto rudo y directo, con manos que parecían haber construido su imperio ladrillo a ladrillo, miró unos papeles que tenía delante. Luego, levantó la vista. No parecía nervioso en absoluto. Parecía un tiburón a punto de oler sangre.

—Tengo una pregunta para su equipo técnico, señor Montero.

—Adelante —dijo Esteban, con aire de suficiencia, recostándose en su silla.

—Su sistema de seguridad de datos es impresionante en el papel. Pero, ¿cómo planean proteger la información de nuestros clientes y nuestras rutas comerciales contra un ataque de pulso electromagnético cuántico?

La pregunta cayó en la sala como una piedra en un estanque de aguas tranquilas.

Esteban se quedó en blanco.

¿Pulso… electromagnético… qué?

La frase ni siquiera tenía sentido para él. Miró a sus ingenieros jefe, esperando una respuesta rápida y segura. En su lugar, encontró pánico. Ellos se miraron entre sí, con los ojos como platos. Empezaron a susurrar, a teclear frenéticamente en sus laptops, buscando una respuesta que no tenían.

No solo había perdido el contrato multimillonario, sino que lo habían humillado. Habían expuesto una debilidad en su propuesta que ni él ni su carísimo equipo de "expertos" sabían que existía.

Se sentó en su auto de lujo, golpeando el volante con furia una y otra vez.

¿Cómo? ¿Cómo era posible?

Todo era perfecto. El plan era perfecto. Magdalena lo había hecho perfecto.

¿Cómo lo había sabido Soto? Era como si alguien le hubiera leído la mente, como si conociera su estrategia mejor que él mismo.

Por primera vez desde que Magdalena se fue, una duda helada y horrible comenzó a formarse en su mente.

Una duda terrible y humillante que no se atrevía a admitir.

¿Era posible que ella tuviera razón?

¿Era posible que, sin ella, él no fuera nada más que un fraude?

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