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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 29

La oficina de Esteban Montero parecía el epicentro de un huracán.

Papeles esparcidos por el suelo, una silla de diseño volcada, y sobre el carísimo escritorio de caoba, tres botellas de whisky vacías.

Esteban estaba desplomado en su sillón de cuero, con la corbata aflojada y la camisa manchada. Su rostro estaba congestionado por el alcohol y la rabia.

La humillación de la noche anterior lo había estado consumiendo. Las llamadas de su madre, de los miembros del consejo, de los periodistas… cada una era como echarle sal a una herida abierta.

Pero lo peor no era eso. Lo peor era el silencio.

El silencio de sus supuestos amigos, que ahora no le devolvían las llamadas. El silencio de Romina, que había intentado consolarlo con frases vacías antes de irse a un "evento de caridad", dejándolo solo con sus demonios.

Y sobre todo, el silencio ensordecedor que había dejado la ausencia de Magdalena.

Antes, cuando algo salía mal, ella siempre estaba allí. Para calmarlo, para arreglar sus errores, para decirle que todo estaría bien, que ella se encargaría.

Ahora, ella era la causa de sus problemas.

Estaba solo. Completamente solo. Y el pánico, frío y pegajoso, comenzó a apoderarse de él a través de la neblina del alcohol.

Cogió su teléfono con manos torpes. Sus dedos temblorosos buscaron un nombre en su lista de contactos. Un nombre que no había marcado en semanas.

"Magdalena".

Apretó el botón de llamar.

El teléfono sonó una, dos, tres veces. Pensó que no contestaría.

Pero entonces, la línea se abrió.

No hubo un "hola". Solo silencio. Podía sentir su presencia al otro lado, tranquila, expectante.

—Magda… —su voz salió como un graznido patético—. Magda, soy yo.

Silencio.

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