Detrás de mis párpados, el brillo se intensificó y mi corazón dio un latido.
Hizo que mi cuerpo tuviera un espasmo que lo recorrió por completo.
Otro latido, luego otro.
Aspiré aire abruptamente, como si me hubiera estado ahogando, y mis sentidos regresaron de golpe.
Eso me provocó una ligera jaqueca mientras el fuego que me consumía regresaba hacia mi vientre y se convertía en una enorme bola furiosa de energía.
El mareo anterior al fuego había desaparecido.
Abrí los ojos y vi que varios traidores me rodeaban, sujetando mis extremidades. También vi a uno más, parado frente a mí, inclinándose peligrosamente hacia mi estómago con una aguja y una sonrisa cruel.
Comprobé que mis músculos pudieran responderme correctamente y luego solté un par de patadas fuertes.
De alguna forma, los traidores salieron volando. Ya analizaría después qué m****a estaba pasando; por ahora lo importante era que el traidor no me volviera a inyectar… lo que sea que tenía en la mano.
Hice otro movimiento brusco para deshacerme de los traidores que seguían sujetando mis manos y luego fui directa por el tipo de la jeringa.
No solo era la fuerza, sino que ahora era más rápida también. En medio segundo, yo tenía su cuello en mis manos y lo partía con la facilidad de romper una delgada rama con la más mínima presión.
Dejé su cuerpo caer sin más y luego fui por el resto de los osos.
Algunos intentaron huir. Lamentablemente para ellos, yo no me encontraba de buen humor y, en segundos, sin importar en qué forma estuvieran, arranqué patas, brazos y piernas por igual antes de transformarme en osa y aplastar sus cráneos.
No había piedad para los traidores.
Me tomé unos segundos para analizar mi alrededor y volver a mi forma humana; vi a algunos miembros del clan en una esquina de la cueva en la que me habían metido. Aún me temblaban las manos, y la rabia seguía allí, latiendo bajo mi piel.
Ahora Mikael podría recuperar un poco de su… Oh, joder. Debía ir a buscarlo.
Mi cabeza se alzó rápidamente al sentir pasos acercándose a la cueva. Eran… pequeños.
Mikael apareció cubierto de sangre y con los ojos llorosos.
Ahí lo supe. Él olía como el verdadero Alfa, y mi corazón se aligeró un poco ante un problema menos.
Me arrodillé, justo como lo dictaba la tradición cuando un nuevo Alfa se alza para liderar al clan.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Luna con Miel