Luis todavía quería decir algo más, pero Oliver le soltó una patada discreta bajo la mesa.
Así que, entendiendo la indirecta, Luis se quedó callado.
Vanesa no preguntó nada más, aunque era evidente que estaba de muy buen humor.
...
Cristian tenía otras intenciones con Daisy, eso era obvio para cualquiera con dos dedos de frente.
Por eso, en cuanto Daisy llegó, se las ingenió para intentar que ella bebiera más de la cuenta.
Pero Daisy tenía una resistencia impresionante para el alcohol. Al contrario, fue Cristian, quien apenas y había tomado unos tragos, el que empezó a marearse.
Al final, al ver que sus planes no daban resultado, interrumpió la plática de Daisy con un tono ansioso.
—Daisy, jamás he dudado de tu visión para los negocios ni de tu capacidad para sacar adelante proyectos. De verdad creo que puedes llevar esta propuesta muy lejos.
—¿Eso significa que el presidente Domínguez está dispuesto a invertir? —Daisy no anduvo con rodeos.
Cristian la miró de reojo y respondió:
—Sí, podría invertir, pero tengo una condición.
Le puso la mano encima a la de Daisy, bajando la voz.
—Eres lista, seguro entiendes a lo que me refiero, ¿verdad?
—Claro que entiendo.
Cristian sonrió de oreja a oreja, creyendo que Daisy por fin había cedido. Justo cuando intentó acercarse más, la puerta del privado se abrió de golpe desde afuera.
El momento se arruinó al instante.
Cristian se llenó de coraje y estuvo a punto de soltarle una grosería al que se atrevió a interrumpir.
En ese momento, Daisy aprovechó para retirar la mano con total naturalidad y, sonriendo, saludó a la recién llegada.
—¡Señora Domínguez, qué bueno que llegó! La hemos estado esperando un montón.
Cristian se quedó pasmado y, en ese segundo, se dio cuenta de que todo había sido planeado por Daisy.
¡Qué descuidado fue!
Después de tantos años al lado de Oliver, ¿cómo iba Daisy a venir sola y desprotegida? Si se atrevía a acudir a una cita así, seguro tenía todo perfectamente calculado.
La señora Domínguez ni siquiera volteó a ver a Cristian. Se acercó directamente a Daisy y la tomó de la mano con mucha calidez.
—¡Daisy, por fin te conozco! La última vez me ayudaste muchísimo y he querido agradecerte desde entonces.
Fue Daisy la que la sacó del apuro, pidiendo ayuda a conocidos para conseguirle joyas auténticas de inmediato.
Eso era el "gran favor" que la señora Domínguez mencionaba.
Gracias a la llegada de la señora Domínguez, Cristian no tuvo más remedio que dejar de lado sus intenciones y, por fin, prestarle atención al proyecto de Daisy.
Y vaya que era bueno.
Terminó invitándola a la oficina al día siguiente para discutirlo a fondo.
Cuando salieron, en la puerta se encontraron con Oliver y los demás, que también ya se iban.
La señora Domínguez fue a buscar el carro, así que sólo quedaron Daisy y Cristian.
Al verlos juntos, Luis arqueó la ceja, con una sonrisa maliciosa, y soltó:
—Daisy, vaya que eres hábil. En una sola noche ya convenciste al presidente Domínguez.
Daisy, por instinto, miró a Oliver, que estaba detrás de Luis.
Él no mostró ninguna expresión.
Era como si... también pensara lo mismo de ella.

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