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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 115

Ese mensaje dejó a Daisy sin palabras.

Ya había pasado casi medio mes, todo estaba más que superado, y apenas ahora él se acordaba de preguntar.

Aunque, si lo pensaba bien, eso solo demostraba que Oliver sí había visto el mensaje desde el principio, solo que decidió ignorarlo.

Quizá así habían sido todos esos mensajes suyos que parecían perderse en el vacío.

Solo que en aquel entonces, Daisy tenía los ojos vendados, incapaz de ver la realidad.

Miró el mensaje apenas unos segundos y, sin dudar, lo eliminó de su lista de chats recientes.

¿Todavía esperaba que ella siguiera detrás de él como antes? ¿Que contestara al instante, que respondiera llamadas al primer timbrazo, que estuviera disponible las veinticuatro horas?

Ni soñando.

Lo que se terminó, se terminó.

¿Y por qué no lo eliminó de su lista de amigos?

Porque eso solo lo hacen los niños o la gente que no supera las cosas.

...

Al día siguiente, Daisy fue al estudio de Andrés López. Apenas llegó, notó que había menos gente que de costumbre.

Al principio pensó que tal vez algunos no habían llegado todavía, así que no le dio mucha importancia.

Pero al irse, se dio cuenta de que muchos puestos seguían vacíos.

Aprovechó para acercarse disimuladamente al asistente de Andrés y averiguar qué estaba pasando.

Al principio, el asistente no soltaba prenda, pero Daisy insistió tanto que, al final, no pudo resistir y se sinceró.

Durante ese tiempo, Andrés López había despedido a varios trabajadores para ahorrar gastos y aliviar la presión sobre Daisy.

Y todo ese trabajo que ya nadie hacía… lo estaba asumiendo él mismo.

No solo eso: Andrés también buscaba encargos personales fuera del estudio para conseguir ingresos extra y mantener la empresa a flote.

Eso sí, todo ese esfuerzo le estaba robando gran parte de su tiempo de descanso.

El asistente lo decía con una preocupación que se notaba en su cara.

—Presidenta Ayala, López duerme menos de tres horas al día. Si sigue así, su cuerpo no va a aguantar.

Por eso, el tema de conseguir inversión se había vuelto urgente.

Daisy salió del estudio con una preocupación que no podía ocultar.

Con proyectos tan nuevos como el suyo, las grandes empresas ni los volteaban a ver, y las pequeñas no tenían con qué invertir.

Decir que era una batalla cuesta arriba era poco.

Sabía, sin dudarlo, que eso era todo el dinero que Camila tenía.

Camila llevaba cinco años trabajando como modelo. Empezó desde abajo, siendo casi invisible, y apenas ahora había llegado a ser una modelo de mediano reconocimiento.

Sus ingresos nunca fueron altos; ese dinero era el fruto de años ahorrando, cuidando cada peso y privándose de lujos.

Por eso, Daisy sentía que no podía permitir que ese esfuerzo se perdiera.

Recibió el dinero y lo transfirió de inmediato a la cuenta de la empresa. Además, le pidió a Andrés López que contratara personal cuanto antes; no podía dejar que él cargara con todo.

Si llegaba a colapsar por el exceso de trabajo, el proyecto entero se vendría abajo.

El daño sería mucho mayor que cualquier ahorro, y no valía la pena.

A la par, Daisy dejó de lado el orgullo y empezó a asistir a todas las reuniones y convivios del gremio, sin perder oportunidad alguna.

Sentía que volvía a los días en que comenzó a trabajar en Grupo Prestige, arrancando su primer proyecto.

La diferencia era que en aquel entonces tenía el respaldo de Grupo Prestige, lo que lo hacía un poco más llevadero.

Solo un poco.

Porque, si era sincera, Oliver también la dejó sola en ese entonces.

Nunca se metía, nunca preguntaba, y menos aún, ayudaba.

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