Entrar Via

Siete Años para Olvidar romance Capítulo 126

—Ya se ve bastante llamativo.

Yeray se sentía cada vez más satisfecho conforme probaba el producto.

—Daisy, he decidido invertir en tu proyecto.

Daisy no se sorprendió; tenía total confianza en lo que había desarrollado. Aun así, preguntó con calma:

—¿Cuánto piensa invertir, presidente Ibáñez?

—De entrada, unos cincuenta millones de pesos. Más adelante, según cómo evolucionen las cosas, ya veremos.

Aunque Daisy estaba segura de sí misma, escuchar la cifra que Yeray acababa de soltar la dejó con los ojos bien abiertos por un instante.

—Entonces, muchísimas gracias por el apoyo, presidente Ibáñez —dijo Daisy poniéndose de pie para estrecharle la mano.

—Esto es ganar-ganar. Prepara el contrato lo antes posible para poder firmar y hacer la transferencia.

—Perfecto —aceptó Daisy sin hacerse del rogar, porque justo estaba esperando esa inversión para meterle todo al entrenamiento cuantitativo.

Mientras los dos platicaban animados, llegó otro visitante para Yeray.

Era Luis.

No venía solo: a su lado estaba Vanesa.

Daisy arqueó las cejas, echando una mirada automática detrás de ellos.

Pensó que vería a Oliver. Después de todo, Vanesa y él siempre andaban pegados como siameses.

Pero para su sorpresa, esta vez Oliver no apareció.

Vanesa entró con una sonrisa radiante.

—Yeray —saludó, pero al ver a Daisy, su expresión se congeló apenas un segundo. Enseguida recuperó la compostura, fingiendo que Daisy no existía y enfocándose solo en Yeray—. ¿No vengo a interrumpir nada importante, verdad?

—Para nada —respondió Yeray sin darle mayor importancia.

Luis, en cambio, no supo disimular ni medio segundo.

Apenas vio a Daisy, su cara se torció en una mueca de fastidio: frunció la nariz, entornó los ojos, y se transformó en pura hostilidad.

—¿Por qué tienes que andar siempre en todos lados? —le soltó de sopetón, sin filtro.

Daisy no se dejó intimidar, respondió serena:

Y para rematar, trató de poner a Daisy en la mira, como si la presión social la obligara a aceptar la broma.

Si Daisy se molestaba, quedaría como alguien rencoroso y poco tolerante.

Si lo dejaba pasar, tendría que tragarse la indignación.

Pero Vanesa subestimó a Daisy.

Daisy eligió una tercera vía.

Le devolvió la jugada con la misma moneda.

Con una sonrisa radiante, miró a Luis y preguntó:

—¿Cómo voy a tomarlo en serio? Si ni siquiera eres Ibáñez. Antes eras Aguilar, ¿no? Y ahora Espinosa. ¿Cómo le haces para cambiarte el apellido tan seguido? ¿O te gusta andar de aquí para allá siendo el mandadero de todos?

—¡Daisy! —estalló Luis, echando chispas—. ¿Me estás insultando?

Daisy, usando el mismo tono condescendiente que Vanesa había usado con ella, le reviró:

—Solo es una broma, joven amo. No me digas que tú tampoco aguantas una broma.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar