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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 127

Luis seguía con el ceño fruncido, claramente molesto.

Sin embargo, al notar la mirada de advertencia de Yeray, no le quedó más remedio que aguantarse las ganas de decir algo.

Aun así, no pudo evitar lanzarle a Daisy varias miradas cargadas de veneno.

La gente es rara. Solo le estaba dando de su propia medicina y aun así él se enfadaba.

Vanesa, queriendo quitarle tensión al ambiente, cambió el tema adrede.

—Yeray, esa maceta de naranjitas que tienes en tu escritorio está bastante original, ¿eh? Como que le quita lo duro al ambiente de la oficina y le da un aire más cálido, más de hogar.

—Y además, las naranjitas tienen un significado buenísimo —agregó sonriendo.

Luis, todo un barbero consumado, se apresuró a hacerle segunda.

—Eso pensé yo, apenas entré y la maceta de naranjitas me atrapó. Se ve bien elegante.

Yeray asintió, mirando la planta con satisfacción.

—¿Verdad que sí?

Esperó a que los dos asintieran y solo entonces habló con parsimonia.

—Me la regaló Daisy. Me pareció especial, así que la traje.

La oficina se quedó en silencio medio minuto, como si el aire se hubiera puesto pesado.

Vanesa ya no le prestó atención a la maceta y fue directo al grano.

—Yeray, en realidad vine porque quería preguntarte sobre el tema del financiamiento.

Yeray respondió con tranquilidad.

—Eso puedes dejarlo a los del proyecto y al banco, no hacía falta que vinieras en persona.

—Ya sé, pero hace tiempo que no nos veíamos y pensé que podríamos platicar y, de paso, ir a comer algo.

Hizo una pausa, barriendo la mirada sin disimulo hacia Daisy, y luego soltó:

—En un rato viene Oli también.

—En realidad iba a venir conmigo, pero se le atravesó algo de último minuto. Cuando termine, pasa por mí.

Daisy hojeó una página más de la revista de finanzas que tenía en las manos, como si todo eso no fuera asunto suyo.

Vanesa pensó que solo estaba fingiendo calma.

La verdad, Daisy estaba tranquila de verdad.

—Yeray, yo digo que deberías mantenerte alejado de Daisy. Esa mujer no es nada sencilla.

Yeray ignoró por completo su comentario y, en vez de responder, buscó un atomizador y se puso a rociar agua sobre la maceta de naranjitas.

Luis se puso más ansioso.

—¡Yeray! ¡Te estoy hablando! ¡Ten cuidado con Daisy! Esa tipa es de armas tomar. No tienes idea de lo que hizo para conseguir inversión para ese proyecto suyo; hasta se fue a tomar con esos tipos, clarísimo que nomás quería trepar usando sus contactos. ¡Qué asco!

Todavía no terminaba de hablar cuando Yeray le apuntó con el atomizador y le echó dos chorros de agua a la boca.

—¡Agh, puaj! —Luis escupía mientras se limpiaba la boca—. ¡¿Qué te pasa, Yeray?!

—Te estoy ayudando a lavarte la boca.

—Ya, dejen de hacer el ridículo —intervino Vanesa, cortando la escena—. Yeray, escuché que Banco Unión Central y Capital Rioalto quieren colaborar en un proyecto de tecnología. ¿No puedes darnos una pista sobre eso?

La verdad, ese era el motivo real de la visita de Vanesa a Banco Unión Central.

Yeray se quedó un momento congelado, el atomizador en alto, y le lanzó a Luis una mirada cortante.

Luis, sintiéndose culpable, apartó los ojos.

—No crean todo lo que escuchan por ahí —contestó Yeray, volviendo a su tono relajado y despreocupado.

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