Luis y Vanesa también alcanzaron a escuchar todos esos comentarios.
Vanesa incluso le explicó un poco más:
—¿Escuchaste lo que estaban comentando hace rato? Para ser un buen inversionista, tienes que tener visión de futuro, o sea, ser capaz de anticipar cambios en el mercado y nuevas tendencias. Cuando hay una oportunidad, debes decidirte de inmediato.
Luis no captó del todo los tecnicismos, pero sí entendió la idea central.
—Entonces, ¿ese tal Alma Analítica es la próxima gran oportunidad?
Vanesa confirmó que había entendido bien:
—Exacto.
—¡Entonces voy a ir a averiguar más! —Luis se emocionó y de inmediato se metió entre el grupo de personas para buscar información.
Vanesa por fin pudo relajarse un poco.
La verdad, a ella también le llamaba la atención ese proyecto de Alma Analítica.
Debería platicar con Oliver al respecto más tarde.
Mientras pensaba en eso, alguien se le acercó para saludarla.
Era una persona que había conocido en una comida junto a Oliver, alguien del círculo financiero del norte.
—Directora Espinosa, ¿el presidente Aguilar no vino con usted?
Obviamente, esa persona estaba buscando a Oliver.
Vanesa le explicó:
—Sí, venimos juntos, pero se encontró a unos conocidos y fue a saludar. Yo creo que ya debe estar por regresar.
Al escucharla, el empresario sonrió y comentó:
—Parece que usted y el presidente Aguilar tienen muy buena relación.
Vanesa le devolvió la sonrisa, curiosa:
—¿Por qué lo dice?
—Porque él siempre le informa de todo lo que hace. Un hombre solo hace eso con la mujer que le importa.
Con esa explicación, Vanesa sintió un cosquilleo dulce en el pecho.
En ese momento, Oliver regresó. Al acercarse, Vanesa, casi sin pensarlo, lo tomó del brazo y se acomodó junto a él para atender juntos a la gente.
—¿De qué platican, presidente Fernández? —saludó Oliver.
El presidente Fernández, de lo más animado, miró directo el brazo de Vanesa entrelazado con el de Oliver y soltó:
Pero, ni modo, primero se topó con Daisy.
Le cambió la expresión y, de inmediato, se puso a la defensiva.
—Daisy, ¿tú qué haces aquí?
—¿Por qué no habría de estar aquí? —le respondió Daisy, sin inmutarse.
Luis, con su tono sarcástico de siempre, le tiró:
—Ya me quedó claro, tú nada más no sabes perder.
Daisy, intrigada por lo que quería decir, le preguntó:
—¿No sé perder? A ver, explícate.
—Pues que te fuiste de Grupo Prestige usando a propósito tu renuncia para manipular a Oli, pero él ni siquiera intentó detenerte. Y para no quedarte mal ante todos, te fuiste, pero Oli enseguida le dio tu puesto de secretaria principal a la prima de Vane. Así que ni de chiste podrías volver. Por eso andas ahora intentando llamar la atención de Oli como sea. Hasta te viniste desde lejos hasta Santiago del Solano solo para que te note.
—Daisy, ¡qué calculadora eres!
Soltó toda su letanía y, al ver a Daisy asentir, se sintió ganador.
—¡¿Ves?! ¡Te descifré! —Luis se pavoneó.

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