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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 149

Luis pensó que Daisy Ayala iba a explotar de coraje.

Pero, para su sorpresa, ella solo se rio y le preguntó:

—Oye, ¿es cierto que el año pasado le hiciste perder a tu papá quinientos millones?

—¿Y eso a ti qué te importa? —soltó Luis, como si le hubieran picado el orgullo. Se puso a la defensiva en un segundo.

Lo cierto era que, en ese tiempo, todo mundo que se lo encontraba le tenía que sacar el tema. Ya hasta tenía trauma. No solo no podía levantar la cara frente a la familia Ibáñez, ¡ahora también iba a dejar que Daisy lo mirara por encima del hombro!

—Si quieres, puedo mostrarte una salida —dijo Daisy, con una sonrisa tan radiante que desarmaba.

Luis se quedó medio embobado con esa sonrisa, como si el tiempo se detuviera.

Sin pensar, preguntó:

—¿Qué salida?

—Podrías ser guionista, la neta tienes talento para escribir novelas de drama barato —soltó Daisy, sin perder la sonrisa.

...

Del otro lado del salón, Vanesa Espinosa no se despegó ni un momento de Oliver Aguilar, aprovechando para hacer nuevos contactos.

Una vez más, quedó claro el peso que tenía Oliver en el mundo de los negocios, aunque fuera de los más jóvenes del grupo. En estos ambientes, el respeto y las oportunidades se ganaban a base de poder y posición.

Vanesa sentía cada vez más que su decisión de volver al país junto a Oliver había sido lo mejor que pudo haber hecho. Sí, Yeray Ibáñez también tenía lo suyo—de no ser así, jamás lo habría seguido al extranjero—pero la fuerza y el crecimiento del Banco Unión Central ni de chiste se comparaban con el auge imparable de Grupo Prestige.

Antes, quizá tenía sus dudas. Ahora, ya no cabía duda: estaba completamente del lado de Oliver.

—Hoy sí aprendí un montón —aprovechó un momento en el que Oliver no estaba ocupado para platicar con él sobre lo que sentía.

—La inteligencia artificial va a ser el motor de la próxima revolución tecnológica. Tenemos que subirnos a ese tren.

Oliver le dio una mirada de reconocimiento, valorando el olfato comercial de Vanesa.

Ella, sintiéndose cada vez más segura, añadió:

—Por cierto, escuché a varios hablar de un software de IA que se llama Alma Analítica. Lo estuve probando, aunque solo es una versión de prueba, ya le da la vuelta a cualquier otro programa del mercado. Estoy segura que va a encontrar aplicaciones en un montón de áreas y el futuro que le espera es enorme.

—¿Te interesa ese proyecto? —preguntó Oliver, alzando una ceja.

Vanesa asintió.

—No lo digo por eso. Solo que, en vez de estarte peleando con ella cada vez que se ven, mejor evítala. Entre menos broncas, mejor.

—Además, ni caso hacerle. Bajarías tu nivel si te pones a su altura —añadió Vanesa.

Eso sí le gustó a Luis, y hasta se le bajó el coraje:

—Así se habla, mi diosa siempre tan de mente abierta.

Y, como si no quisiera que se le olvidara a Oliver, le lanzó:

—Oli, cuida mucho a mi diosa, ¿eh? Una mujer así no se encuentra dos veces.

—¿Me vas a venir a decir eso a mí? —le reviró Oliver, sin darle importancia.

Vanesa solo sonrió y le pasó a Luis una botella de agua.

—Ya, relájate. No es ni la primera ni la última vez que Daisy te humilla, no le des vueltas.

Con eso, Luis recordó todas las veces anteriores que Daisy lo había dejado en ridículo y volvió a inflar los cachetes, furioso.

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